Mostrando las entradas con la etiqueta Ravonne. Mostrar todas las entradas
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lunes

Alto Evento - Este Miércoles



Funes nos invitó a Los Mudos.
Los esperamos el próximo miércoles 15 de abril - 21 horas - moreno 2320 - Ce Ce ZAS.
Yo quiero ganarme una gorra.

martes

Hoy: picnic bloody picnic

Julián Urman, el autor de Ravonne, va a rockear junto a Mariano Blatt y Jimena Repetto en el ciclo de Carne Argentina. Siempre que fui, el ciclo estuvo excelente. Ojalá hoy llegue.

By the way, parece que el sociológo kirchnerista que murió de nostalgia se abrió un blog. Eramos pocos...

jueves

caramba, "no escatima"


Literales buenos augurios para el autor de Ravonne en este nuevo blog dedicado exclusivamente a reseñas

"Esta atractiva primera novela que no escatima en complejidades le augura a Julián Urman un futuro más que promisorio."

toda la reseña de
María Virginia Gallo, aquí

(ud, ¿ya adquirió la primer novela tamarisca?)

lunes

Felices los niños


Eugenia Zicavo leyó Ravonne y lo reseñó. Las gracias del equipo Tamarisco, y he aquí el delicioso fruto de su labor:

Aún cuando permanecen calladas, las personas hablan. Habla esa voz interna y silenciosa que corre al ritmo de los pensamientos, las obsesiones, los deseos inconfesos. El monólogo mudo de Ravonne es de los que pocos resistirían escuchar: el de un pedófilo que sueña con camas semivacías, sólo ocupadas por cuerpos pequeños, vulnerables, a punto de despertar en una pesadilla que lo tiene como verdugo. Ravonne supo ser animador de programas infantiles, el más querido por los chicos, al que le mandaban dibujos o chupetes hasta que sus historias de abuso de menores salieron a la luz.
Candelaria, su mujer de entonces, es una actriz de telenovela que pasado el escándalo de su separación volverá a la pantalla tras la noticia de un secuestro –el suyo propio, organizado por su representante– que involucrará a su ex marido como responsable. A Ravonne, quien después de una temporada en la cárcel puso una rotisería con su nombre, ese que alguna vez tuvieron las mascotas de los niños; el mismo que pasado el tiempo no parece incomodar a los clientes que llegan a su mostrador en busca de una milanesa caliente. Ni siquiera a la madre del chico discapacitado que trabaja con él haciendo mandados, del que Ravonne abusa en su propia casa, impregnado de olor a aceite recalentado.
Aunque la historia se desarrolla en torno al secuestro, Julián Urman construye un universo mucho más amplio donde cada personaje se muestra a cuentagotas a través de distintos registros narrativos. Entre el cúmulo de novedades, Ravonne es un poco de combustible suelto: una genial ópera prima que logra articular una historia mínima de manera compleja y a la vez efectiva. Con Ravonne, Urman construyó un personaje difícil de olvidar: de esos que perduran, de los que terminada la última página aún se los oye respirar.

Publicado en el Suplemento Cultural del diario Perfil (enero 2008)

domingo

fame!

Para vos, que decías que las grandes revistas de cultura, la prensa seria, jamás repararía en el lumpen tamarisco Project, para vos, que nos seguís en la penumbra de sombra playera tomando mate con yuyos adelgazantes y hablás del blog como vehículo joya nunca taxi de la crítica rabiosa; para vos, mamá del autor, tías, abuelas y primos.
Tamarisco en los Chismes de ADN (por la presentación de Objetos Maravillosos) y en "Lo último en mercado editorial" de Ñ (sobre los simples de Tamarisco de Oyola, Dosio y Falco, y La marca del milagro de Damián Terrasa y Ravonne de Julián Urman)

"En 2006, la pequeña Editorial Tamarisco publicó un libro de cuentos (Hojas de Tamarisco) de sus fundadores: Hernan Vanoli, Sonia Budassi, Violeta Gorodischer y Félix Bruzzone. Después siguieron con Toronto no, de Leonel Livchits. Ahora se despacharon con dos novelas atravesadas por la cultura pop y el desenfreno argumental: Ravonne, de Julián Urman y La marca del milagro, de Damián Terrasa. También se animan al formato artesanal (con la colección de cuentos Simples de Tamarisco, con narrativa breve de Federico Falco, Leonardo Oyola y Celia Dosio). Si no lo encuentra en librerías pruebe aquí: www.editorialtamarisco.com.ar"

Y adn croniquea así la última presentación del año:

ESCRITOR Y ARTESANO. Pedro Mairal y Santiago Llach participaron de la presentación del libro Objetos maravillosos , de Juan Diego Incardona, en el Centro Cultural Pachamama. Mientras leían los fragmentos elegidos, Incardona armaba gargantillas sentado en una mesa apartada, algo que sorprendió a varios presentes que desconocían su actividad paralela: la fabricación de artesanías. El escritor también dirige la revista literaria El interpretador . Mezclados entre el público se vio a Juana Bignozzi, Fabián Casas, Elsa Drucaroff, Gabriela Franco y Daniel García Helder. Después de comer y celebrar en un restaurante chino, un grupo encabezado por Incardona, Drucaroff y Mairal regresó al local para seguir el festejo: acompañados por guitarras, una armónica y un violín cantaron canciones de Sui Generis. Onda retro.

jueves

Blogging Ravonne

Se multiplican las lecturas de Ravonne, y hasta nos dicen "¡editorial chiquita y piola!" (¡nunca hemos recibido halago mejor!)
Muchacho, ¿ya tienes tu ejemplar? ¡Este blog también dice que debes tenerlo!



"Hace algunos días terminé de leer "Ravonne", una novela que hace mucho que quería tener en mis manos y que llegó justo a tiempo para mi cumple.
La escribió Julián Urman y salió vía Tamarisco, una editorial chiquita y piola. Debo reconocer que el libro me gustó mucho. La idea central está re buena: el Ravonne del título es una estrella televisiva caída en desgracia, que ahora subsiste gracias a una rotisería y tratando de no recordar el pasado, pero -¡cuándo no!- el pasado vuelve a él.
"Ravonne" tiene un par de párrafos perfectos, personajes secundarios super interesantes (de hecho, no es casual que las cosas importantes de la novela sucedan por fuera del protagonista, perpetuando su condición de has-been aún en su propio libro). Tiene capítulos cortos y párrafos breves, lo que ayuda mucho a la lectura furtiva en la línea D. Además, con tino, habla de la tele y de la fama sin hacer nombres propios reales ni inspirándose en nadie."
POST COMPLETO ACÁ

(gracias "Capitán intriga" y Marina A.)

viernes

Ravonne nao tem fin


Acá va la reseña de Marcelo López, publicada en la revista Los Asesinos Tímidos:

Ravonne es un melancólico, vive apoyado en los recuerdos y pensando que “todo tiempo pasado fue mejor”. Pero esto, más allá de la connotación al patetismo que nos conduce, no tiene –o no debería- tener algo negativo en sí mismo. Lo malo es que Ravonne no puede ver el presente. Y, mucho menos, que está a punto de ser víctima de un complot. Eso es lo malo de vivir del pasado. La vida, de pronto, te pasa por encima y vos estabas mirando para otro lado.
“Supe recibir en otras épocas el aplauso de grandes y de chicos. Supe ser jovial, aceptado felizmente…” Ravonne sueña en forma recurrente con el pasado, con reinsertarse y volver a ese lugar de felicidad que significaba la etapa en donde la gente lo saludaba y le palmeaba la espalda con fervor. Entonces, lo mejor es planear un regreso demoledor, y ¿qué mejor modo de regresar para una estrella que a través de un escándalo que le otorgue nueva fuerza a su carrera? Ravonne lo sabe y acepta las reglas del juego. Pero, allí está trampa y él ha caído en ella.
Pero, vamos un paso más allá de la historia. Ravonne tiene la estructura de mundos paralelos, mundos que llegan a nosotros de una manera fragmentaria, con una diversidad de hechos que, en distintas latitudes –no muy lejanas unas de otras, vale aclarar-, suceden a un mismo instante determinado. Urman utiliza constantemente los saltos temporales, espaciales y las elipsis, pero sobre todo, el autor parece intentar decirnos que no hay historia completa o, mejor dicho, que la historia no es posible contarla de manera lineal. La vida misma no es unívoca, y Urman lo sabe.
En todo caso, serviría de algo el concepto de Carlo Ginzburg sobre la microhistoria: acá lo importante no es la vida de Ravonne –no lo único importante- sino que es más importante las pequeñas telarañas que se van tejiendo alrededor del ex astro televisivo y que funcionan como un mecanismo de relojería para que este caiga en aquel destino impuesto. Son los pequeños fragmentos de espejos rotos los que dan una idea general de lo que sucede en la novela, un rompecabezas que no logra ser nunca igual que antes. Su devolución es, como dije antes, fragmentaria, pero además absurda y por momentos esperpéntica. Y ese es el acierto de la opera prima de Julián Urman.
Nada, absolutamente nada, es como debería ser en la vida de Ravonne: ni su regreso a la pantalla chica, ni el presente amoroso. Cada instante lo acerca más al abismo y va destruyendo el piso sobre el que acaba de dar un nuevo paso. La fama tiene un precio que es demasiado alto de pagar para algunas personas y Ravonne ya no cuenta con el capital necesario para trocar ese presente en felicidad. Para finalizar, una imagen: el paratexto con la señal de ajuste clásica de los canales de aire a la madrugada, mientras el tiempo de espera se prolonga hasta que algo vuelva a suceder, la vuelta a la pantalla de la imagen móvil que nos da un momento de relax mental, de confianza plena con lo que vemos, porque si algo queremos es ser engañados por aquello que la televisión nos muestra y enseña. La postal de un hombre sentado, de frente a la pantalla con las manos apoyadas sobre las rodillas, eternamente esperando el destello que lo devuelva a la felicidad. Ese es Ravonne, el hombre que con paciencia espera que la imagen sea a semejanza suya, para señalarse con el dedo –y dejarse señalar por el otro, el que mira desde la pantalla- con una sonrisa amarga, pero sonrisa, al fin y al cabo.

martes

¡no te olvidamos, Ravonne, el mundo te reseña!

RAVONNE
Autor: Julián Urman
Novela
208 páginas.
Editorial Tamarisco
Buenos Aires, 2007

A menudo la discusión entre ficción y realidad se instala en la televisión, un medio de comunicación que brinda distintos ámbitos para el debate según el target del consumidor. Si este dispone de cable tal vez el control remoto lo ubique en algún programa de tinte cultural, cuyos protagonistas discuten alrededor de una mesa y acompañados de un potus artificial. Pero cuando las posibilidades se reducen a las emisoras de aire se enfrenta a una utopía. Ravonne, la novela de Julián Urman que publicó editorial Tamarisco, no analiza a los medios sino que imagina la vida de los protagonistas de la caja boba con sus miserias y una cuota de divismo tan necesario en el mundo del espectáculo. El autor indaga cuál sería el límite de las estrellas para mantener un lugar entre los famosos, aun a costa de convertir sus vidas en el argumento de una telenovela. Así tendrían el rating para mantenerse en el firmamento televisivo y, de paso, alimentarían el morbo del público. Negocio redondo y nuevo contrato con varios ceros. Roberto Ravonne es un ídolo caído en desgracia que sería un bocatto di cardinale para la carroña chimentera y segura tapa de Pronto y Papparazzi. Urman describe cómo sus personajes se comen unos a otros en una suerte de antropofagia farandulera, no exenta de toques de humor e ironía, con ganadores y perdedores porque así en la selva como en la tele, el monito nunca se come al león.

Por Marcelo Massarino
Publicada en el último número de Revista Sudestada

jueves

¡Ola de reseñas!

Pedro Ferdkin reseña Ravonne en No retornable

(...) "La novela gira en torno a lo que la gente quiere o necesita ver y así ella misma se convierte en telenovela. En un trabajo aceitado sobre el personaje Luis, Julián Urman lo hace ser parte de varios mundos -el imaginario (guionado) y el de los acontecimientos (novelado)- que confluyen en el ámbito televisivo: los animalitos imaginarios, pesadillescos, de su infancia son las mascotas del programa de Candelaria y es él el único al tanto de cómo podría ir desarrollándose la trama –de acuerdo a las necesidades del guión.


El tratamiento de la temática en el nivel de su composición formal es notoriamente mesurado y su prosa es efectiva, repetitiva y simplista (esto lo digo en el buen sentido: hay dislates absurdos al límite de toda experimentación que son un bodrio); esta novela se cierra en un esquema donde las cisuras de tiempo y espacio son o bien recuadros sincrónicos, de espacio –mientras tanto…- o diacrónicos, de tiempo –al día siguiente...- (y punto, son casi cortes fílmicos o de cuadros de historieta: al final de la frase Mientras tanto hay que agregar nomás “en el Palacio de la Justicia…” para dar una idea del cambio de toma, violento y simple) y una lectura desapasionada pero persecutoria es la que mejor le viene al texto, round a round. Son los territorios menos logrados los que se apartan de esta línea (interioridades desdibujadas y ciertos resabios clownescos que bien sonarían mejor a pedo que como cornetas -honk). Uno termina de rodillas pidiendo que no se lo sorprenda, que la trama no desbarranque, y eso no es poco decir para una literatura (la contemporánea) que muchos pregonan que ya debería estar de vuelta de todo". (...)

La reseña completa, aquí

viernes

Las buenas novelas; las buenas críticas

Críticos y lectores se unen a la pasión Ravonne.




Fernanda Nicolini y una crítica tan sagaz como laudatoria a la primer novela Tamarisca; publicada en la revista Llegás




LA VIDA POR LA TELE
“El asunto es así: la vida y la televisión van juntas. Una afecta a la otra. El asunto es cuál a cuál. La vida en este caso es el ensayo. Para filmar la ficción hay que producir la realidad”. El que habla es Luis, representante artístico de Candelaria García Fuentes, estrella de telenovela trastornada por el odio a su ex marido, Roberto Ravonne, galán en decadencia, alcohólico, acusado de abuso de menores, obsesionado con un retrasado mental y ahora dueño de una rotisería. Los tres, junto a un puñado de “actores de reparto”, son los protagonistas de Ravonne, primera novela de Julián Urman, nacido en 1978 y editor de la revista Pisar el Césped. Personajes de ficción que necesitan constituirse en personajes de (tele) ficción, sus acciones valen en tanto sean televisables, televisadas, encanten o entretengan a un público real o imaginario.

Así lo creen ellos. Pero no se trata de La Televisión cual entidad con vida propia capaz de deglutir, como se la suele referir. Sino que son los mismos personajes los que adoptan sus parámetros como rectores de la propia realidad. Cada movimiento debe resistir una cámara, aunque no la haya, y sus mentes parecen responder a un guión imaginario. “Camino a su casa Roberto Ravonne no piensa. Se deja llevar. Los árboles le parecen maniquíes y la iluminación perfecta. El micrófono, oculto, capta todos los pensamientos, o mejor dicho se los dicta”. De ahí que el disparador sea un plan descabellado ideado por Luis para generar una historia que pueda relanzar a la diva a la pantalla (porque, dijimos, “la vida y la televisión van juntas”): una serie de secuestros ficticios en los que Candelaria sea la víctima y Ravonne el cruel victimario. Todo lo que suceda, según el plan, será el material del próximo éxito televisivo. “Roberto, debo decirlo, nuestro pasado está por ser telenovela”, amenaza Candelaria. Y Roberto, el gran perdedor, no tendrá más alternativa que dejarse llevar por un guión no escrito que se empecina en convertirlo en el blanco de la peor condena para un galán: el desprecio de su público, además de otras calamidades (accidentes, golpes, borracheras). La historia es divertida y lo necesariamente absurda como para esquivar cualquier riesgo de lugar común. Urman es hábil para cambiar de puntos de vista, intercalar al narrador con las voces de los personajes, mantener el ritmo vertiginoso y saltar de escena a escena. Es hábil, vale decir, para ponchar cámaras. Y es inevitable reconocer lo que la incontinencia de Aira marcó y sigue marcando en los escritores jóvenes –hay mucho del delirante realismo aireano en las páginas de Ravonne-, por lo que también es posible emparentar a Ravonne con La Maldición de Jacinta Pichimahuida, última novela de Lucía Puenzo. No sólo porque a nivel temático en ambos textos los parámetros de la ficción y de la realidad se ven trastocados por las leyes televisivas, sino porque comparten el tono estridente, las construcciones ingeniosas, los pasajes acertadamente detallistas y el ritmo afiebrado. En Ravonne nadie puede parar: ni los personajes, ni el lector. Como en la tele.


FERNANDA NICOLINI

domingo

Cuento Breve de Urman publicado en Perfil

“Una nueva forma de muerte”
por Julian Urman.

La primera dama observa la incandescencia de la luz artificial que produce una bombilla eléctrica en el techo de una de las tantas salas de estar que componen el interior de la Casa Blanca. La instalación eléctrica es reciente. La eléctricidad también, y ya los periódicos publican infinidad de noticias que detallan la creación de una nueva forma de muerte, hasta ahora en etapa experimental, solo probada en animales, pero que pronto será aplicada a criminales.
La primera dama comenta para si que ya es de noche. Pronto el presidente mandará a buscarla para inicar los preparativos del buen dormir. Como siempre, querrá ser abrazado, apagará las lámparas de aceite que alumbran la habitación principal antes de correr las sábanas para acostarse a mi lado, piensa la primera dama y sabe que ella estará ahí para calmar las ansiedades del primer mandatario, como siempre. No hay que temer las luces nuevas del futuro, y sin embargo, la frágil mano que supo ser suave como la piel de una manzana y que hoy, llena de arrugas, permanece firme, no obedece al comando que le indica acercarse al interruptor desde el cual las nuevas luces del futuro pueden (y por la noche deben) ser apagadas.
Ya tienen al primer hombre que morirá la muerte nueva. Un asesino, ojo por ojo dice la biblia, pero nada especifica de la muerte eléctrica. La primera dama, como toda madre, sabe lo que es el dolor, incluso conoce la figura de la muerte: nada de esto la ayuda a la hora de imaginar cómo se sienten las luces del futuro al recorrer el cuerpo de un condenado. Su mano de manzana retrocede y vuelve junto al cuerpo, a la conocida textura de la pollera que la primera dama esa noche viste.
La muerte por asfixia ha estado entre nosotros por generaciones, piensa la primera dama, y supera en humanidad a las otras horribles muertes imaginadas por los estados del mundo. A medida que vuelve a iniciar el recorrido hacia el interruptor imagina los pasos del condenado, últimos pasos que lo acercan a la silla de la que no se levantará jamás. Perdida en esta línea de pensamientos no percibe que uno de los criados atraviesa la puerta de la sala. Fiel al protocolo, el criado tose antes de hablar: el señor presidente espera a la señora presidente en sus aposentos. Muy bien, muchas gracias, dice la priemra dama. Puede irse, pero antes, hágame el favor de apagar esta luz. El criado observa a la primera dama. Dije que apague la luz, es este interruptor de aquí, solo hay que moverlo hacia abajo.
El criado no se acerca. Solo contesta en voz muy baja que él no entiende de esas cosas, que solo es un criado y que la señora está parada junto al interruptor, él no quisiera incomodarla en nada y ejecutar siempre sus pedidos, pero la señora está parada junto al interruptor y si quiere apagar la luz que la apague ella. La primera dama se pregunta si Dios aceptaría un alma electrificada. Luego posa su atención sobre el criado: en su rostro domesticado hay miedo. La primera dama ofrece entonces algo que no suele ofrecer: una opción: el criado puede elegir: o apaga la luz o la silla eléctrica.
El criado considera sus opciones. Al fin da un tímido paso que lo acerca a la primera dama y al interruptor. Luego se detiene. Contempla el amable rostro de la primera dama. Otro paso. Calcula que podría escapar. Otro paso. Se iría con su familia y con lo mínimo indispensable: ropa y algo de comida. Otro paso y ya están uno junto al otro, el criado y la primera dama. La mano negra del hombre se eleva hacia el interruptor, la luz es un zumbido apenas audible. La primera dama sonríe y, justo antes de quedar a oscuras, agradece la fortuna de vivir en un futuro iluminado.

martes

Reiteramos: ¡Ravonne recibe buenas críticas!

Funes anuncia su proxima lectura, los Simples están ahí por salir, siempre estamos en casi cero, los textos sí que están buenísimos, esperamos a que la diseñadora diseñe el libro de Incardona y el de Bruzzone, que la imprenta imprima relucientes ejemplares de La marca del milagro de Damián Terrasa (¿soy escritora quiero escribir, somos editores queremos editar -y hacer la revolución no?), tratar de remar el indesign nosotros para los simples pero cuesta y nada (¿hasta las manos sería una expresión adecuada?), mando un mail que pudiera interpretarse mala onda a mi compañeros editores, estoy cansada, dificultad organizativa para personas ocupadas que pagan el alquiler como pagamos todos, la empresa en que trabajo es por sobre todo hostil pero no hay que hablar de empresas, aca la empresa es colectiva y editorial y, ya lo dijimos "no somos una empresa, ni jurídica ni impositivamente"; no llego a leer lo nuevo de contrarreforma, "la revista", apenas una ojeada pero leo libros interesantes apurados y tambien porquerias -que si son porquerías lo digo, qué tanto- espero la salida del nuevo interpretador (de verdad?) y unos días soleados de vacaciones más que nada en el mundo y si pudiera, pues claro, ver a mi familia a 700 quilometros, los tamariscos son hermosos en mi sur, de prensa de sudamericana me llega un mail en donde dice “felix bruzzone lee en celo”, a la mierda pienso, cómo suena de raro, lo mando a Vanoli a dejar Ravonne a una revista pero nadie lo atiende, maldición, culpa, mañana iré yo pero con eso no sustituyo su tiempo gratuito a tamarisco pero todo tiempo tamarisco es gratuito, y entonces pero cómo, cómo, cómo no voy a regocijarme con párrafos como estos, en donde hay flores y flores y crítica para la novela que acabamos de publicar. Me prometo dejarles un coment a esos críticos lumpen, ejercer mi crítica lumpen desde luego, pero la vida del escribiente proletario es por momentos urgente, muy urgente; te das vuelta y te están queriendo echar, a vos o a otro compañero o bueno, casi lo mismo, y a la pregunta de si voy a poder escribir una novela con todo esto me digo que no: tratar de seguir con la novela que estoy escribiendo y ya. Como dijo Lerner: buena o mala pero mía.
O sea que reitero ¿reitero? sí, siempre: compren tamarisco. O por lo menos, vean lo buena que les parecio Ravonne a estos muchachos; iracundos o como quieran llamarles, claro, me sigo prometiendo un mail, un post o un coment para ahondar en eso que hacen estos fulanos. (sigo sosteniendo: hay que ponerse a hacer crítica vía blog "al interior" de lo que estamos produciendo. El resto queda para las contratapas, para los grandes medios- que está bien- pero nosotros escribamos y, de ser posible -deseable es- pensemos un poquito o mucho más allá. Y salgamonos, de vez en cuando, un toque aunque sea, de las lecturas merchandising, si? si se puede, claro. Igual todo bien: no te la creas por leer un libro y tener un blog, eh, no es taaaan sencillo. De onda.)

"Lo que logra Urman es, como dije un poco sin rigor teórico, ese efecto de partido por radio; en donde uno intuye que están pasando cosas pero no llega a aprehenderlas del todo. Hay un clima, sí, muy logrado en la virtud de que todo está todo el tiempo muy sugerido. Hay determinados elementos que se saben que están por ahi, flotando, operando como frontera de sentido para las actitudes, los pensamientos, las acciones de los personajes; pero que en ningún momento se hacen explícitos. Incluso en el final, cuando ya se siente que se van bajando los cambios y que todo recula y que ya se termina y que es una lástima, cuando uno esperaría que, bueno, que Urman ya me diga de una vez todas las cosas que yo ya sé, logra con bastante elegancia cinturear esa obligación casi ética con el lector. Y lo termina diciendo, pero no lo dice: lo sugiere."

jueves

Ravonne is everywhere


¿Es la Rubia de Tapa Roberto Ravonne?
Tamarisco no oculta información a amigos y enemigos. Para alegría o decepción de lectores actuales y futuros, tenemos como respuesta un rotundo NO.
Pero, sí, es cierto, Ravonne ha logrado infiltrarse en la nota de tapa de la revista Planeta Urbano, sobre "lo retro", escrita por Leandro Zanoni.
Más información en nuestra sección Prensa del sitio.


miércoles

Ey! I hear you on the radio!




La noticia de la publicación de Ravonne ha llegado a las radios más importantes (¿y cancheras vanguardistas?) de la ciudad.
Aquí, la prueba.
Escuchalo a Urman en un nuevo podcast de Tamarisco, que reproduce su intervención en el programa Lima, de Radio Kabul.

lunes

Mermelada Urman - El Final


- Esto solo puede ser explicado a traves de la singularidad. Pero la singularidad fue explicada y, en teoría, no debería volver a suceder.
- Usted es el cura...

Mi heladera y yo miramos fijo al Padre brown. Ahora en mis ojos hay comprensión. La mirada de mi heladera es fría. El cura retrocede hasta el rincón. Lo tenemos.

- Está por ocurrir algo tremendo- dice babeando su sotana.
- Por favor, no se babee- le aconsejo.
- En medio de su living la singularidad va a repetirse. La creación del universo, el todo y la nada.

Comprendo por la alucinada voz del cura que lo que dice es cierto. Seremos víctimas-testigo de un renacimiento. A nosotros la luz. Somos la luz. Cuando la luz se haga, nos haremos nosotros. Seremos al fin. Las campanas de la creación reemplazan el zumbido de las vacas de insulina. El cura flota, atraviesa el living y se prende de la antena de la tele. A pesar de todo, estamos en paz. Creemos en lo que nos sucede. El viento de la creación nos ilumina (y eso que es viento). Me aproximo al cura, floto con el ancla de mi heladera.

- ¿Cuál es nuestro deber? ¿Por qué me gusta tanto el porno?
- No hay respuestas, mi hijo, solo acontecer... Pronto veremos renacer la vida, la existencia, somos hijos de la singularidad.

Ahora un punto en el espacio contiene todo. En medio del living, un punto en el espacio contiene el living, al cura y a todo lo que existe. Amenazo con demandar a su compañía, pero el cura no se inmuta. El viento de la creación hace oidos sordos a mis reclamos.
big bang: guau.

- El paralitico no tiene razón- dice el cura, aunque alrededor nuestro hay evidencia cientifica- estamos ante las leyes de la física. En esta puerta hay un guardian, utiliza nuestros ojos para mirarnos y ver hombres. Nadie conoce esta ley. Esta es la nueva ley. “La ciencia de la física leerá la mente de Dios”. Chamuyo.
- No lo escuches, solo intenta confudirnos- dice mi heladera (y creo que tiene razón).

Flotamos hacia el punto infinito que contiene todo. Las preguntas se multiplican. Las respuestas escasean. De fondo, un discurso de Perón. “Compañeros, ¿alguno vio alguna vez un dólar?”
Así que esta es la creación. Me la imaginaba distinto.
El jardin del Eden nos recibe. El cura, desconcertado, pelea por reformular sus creencias. Me dejo llevar. Alguna vez estuve drogado y es parecido. Hay que ir, ir, ir. Si queres volver, olvidate.

- Este es el principio, de nuestras acciones nacerá una nueva sociedad- dice el cura y me sorprende que sea tan articulado si nunca vio al Padre Brown.
- Sociedad de qué, si yo a vos ni te conozco- intento separarme por las dudas, no sea cosa que termine pegado a este aparato.
- Recemos, padre nuestro que estas en los cielos...
- Pará, pará, que eso en la Biblia esta despues.

El jardin del Eden crece a nuestro alrededor. De la semilla, la planta, de la planta la flor. A la flor va el insecto. La naturaleza es sabia, más de lo que le conviene. Dolor en el costado izquierdo, cuando de mí es retirada la costilla que será mi compañera. Debo dormir, despertaré acompañado. Me rindo al poder de la siesta.
Despierto y somos dos (si no contamos al cura y a la heladera). Ella es hermosa.

- ¿Solita?- le digo, para iniciar conversación.
- No, vine con mi prima.
- ¿Son de acá?
- No.

La conversación termina. Siempre me pasa lo mismo.

- A que adivino tu nombre...
- ¿A ver?

Le doy suspenso al asunto, me froto la sien. Invito al cosmos a darme la respuesta.

- ¿Eva?
- No, Sandra.
- ¿Sandra qué?
- Sandra a secas.

Interviene el cura. Trae ojos de loco. Se arranca la sotana como si estuviera prendida fuego. Grita, grita y grita. Dios, Dios, Dios. Intento hacerle ver que sobra, pero no parece comprenderme.

- Dale, macho, pirá. Que yo la vi primero.
- Dios, Dios, soy la rosa que sangra muerte y vida.

Sandra nos mira.

- ¿Amigo tuyo?- pregunta.
- Ni ahí, lo conocí recién.
- Me parece que está medio pirú.
- Y si- acota la heladera-, es cura.
- ¿Es qué?
- Cura.
- Si esa es la cura, no quiero ver la enfermedad.
- La enfermedad es el desconcierto.
- A mi amigo el tano le gusta la merluza.
- A mi también, bien hechita...
- Bueno, un gusto eh, nos vemos.

Sandra, contrario a los preceptos que fundan toda religión occidental, se va. No me ofrece la manzana, no me ofrece un carajo.

- Buena onda la piba- dice la heladera.
- ¿Si?
- No se, digo.

Me tomo un momento para reagruparme y pensar cómo conseguir whisky antes de que anochezca. Abro la heladera, pero está vacía, o llena de porquerías que no tire cuando todavía no eran tan radioactivas. Hay algo que parece comida china. Pienso que si me pongo una cadena de restaurantes de comida china en el jardin del eden me hago millonario. Pero no se preparar comida china.
Parece que este año vamos a comer mucha manzana, banana, pura frutita. Supongo que no me vendrá mal.
A modo de cierre, reflexiono:

Darwin estaba equivocado: la verdad es que no evolucionamos.

jueves

Fans anónimos se suman a la pasión Ravonne


Desde las sombras, una colaboradora tan colaborativa como audaz y modernísima navegadora gran lectora nos informa que la primera novela publicada por este humilde sello editorial ha sorteado los márgenes de las más cibernéticas comunidades para llegar a "twiter".




"Aug 28, 2007 3:36 PM", From XXX To soniabudassi


Subject: "En Twitter hablan de Ravonne"

petalosoy leo Ravonne de Julián Urman y creo que está muy bien escrito (¿vale el chivo literario?)
danixa @ petalosoy: re vale, porque lo edita Tamarisco, la editorial mas bunita de todas.






Asimismo, descubrimos, una vez más gracias a nuestra superagente investigadora de la web, la declaración de amor de una joven, para nosotros, hasta ahora, desconocida, hacia el Ravonne de nuestro flamante autor Julián Urman.


Mermelada Urman I


La primera parte del texto "en vivo" de Urman.

Soñé un fin del mundo: olas que arrasaban ciudades, huracanes de fuego que unian cielo y tierra. Desperté entre sábanas mojadas. Sudor y otras excrecencias. El zumbido de las vacas de insulina inundaba mi oido izquierdo. Algo en la casa no estaba bien. No estabas vos. Vos. Ella. Ella cantaba boleros sobre el zumbido de las vacas de insulina. Cantaba:

Como estas hoy, mi amor…
Dame tu leche…
con insulina…
para curar la diabetes de mi amor.

Algo en la casa no anda bien y a esta hora el único service disponible es religioso. Busco mi torah. Busco el número de atención al cliente. Figura al dorso. Llamo, pero nadie contesta. Busco mi biblia. Sí, tengo una. Soy judio, aunque no poseo una de esas narices caracteristicas. En la primer página de la biblia encuentro un 0-800. Llamo. Atienden.

- Bienvenido al servicio de atención al cliente de la iglesia catolica. Su nombre por favor...
- Christian Castro (aunque me llamo Samuel Goldwin)
- Dirección...
- Mi casa.
- La ayuda está en camino.

Gracias a Dios por las religiones. Ahora debo esperar al cura. Sin pensar en ella. Pensar en ella. Pensar en ella.
Cuando comenzaron a ejecutar gente mediante la camara de gas, los medicos inventaron un codigo de gestos mediante el cual los prisioneros podian comunicar su experiencia. Buscaban humanizar la muerte. Entonces, junto a la sala de ejecucion y frente a una comoda ventana de vidrio, los médicos observaban el proceso. En pequeñas libretas anotaban el resultado. Todos anotaban lo mismo:
“El prisionero es demasiado idiota para recordar el codigo. Sufre sin semántica. Habrá que realizar mas pruebas.”
La ejecución por inhalación de gas insume ocho minutos. Ocho minutos. Ocho minutos. Suena el timbre. Atiendo.

- Sí, que tal hijo mio, somos del service.
- Adelante.

Entra a mi domicilio un cura con sotana de trabajo. Se parece al padre Brown. Se lo digo.

- Usted se parece al Padre Brown.
- ¿Quién es el padre Brown?
- El de la serie...
- ¿Qué serie?
- De la tele.
- No miro tele.
- Yo tampoco...

El primer round es mío. Aumento la tensión. Me acerco a la mesa. Sobre la mesa, un libro. Tomo el libro y, mediante rápido movimiento, lo saco de la mesa. Las letras quedan sobre el mantel.

- ¿Ve mi problema? Digo, ¿usted lo ve?

El padre Brown no parece sorprendido. Se acerca al mantel. Estudia las letras residuales. Toma de mis manos el libro con las paginas en blanco. Hace la señal de la cruz. Reacomoda con gran habilidad, debo decir, las letras sueltas en la página. Ahora la página dice:
Entonces todo el pueblo de Juda tomo a Uzias, y lo hicieron rey en lugar de su padre Amasias...

- Pero esto es una página de la Biblia- le digo al Padre Brown.
- Sí, hijo mio. Ahora es una página de la Biblia.

El segundo round es suyo.
Ahora el Padre Brown toma de su maleta un crucifijo electrónico, pletorico de lucecitas. El zumbido de las vacas de insulina es ensordecedor. Pasea su crucifijo por las paredes de mi casa. El crucifijo emite pitidos agudos de alarma, que se reflejan en el rictus de preocupación del padre Brown.

- El problema en esta casa es un alto nivel de incertidumbre. ¿Usted cree en algo?
- En poco.

El Padre Brown produce un crucifijo, este de madera, y lo clava en la pared. Vuelve a tomar su medición. El crucifijo electrónico produce sonidos más amables.

- ¿Ve? El efecto es inmediato.

Suena poco convincente. Decido arremeter con cuestiones existenciales.

- Y si Dios existe, ¿por qué no logro devolver las películas del DVD club a tiempo? ¿Acaso Él pretende que mi deuda con la sociedad se acreciente?
- ¿Usted sabe que no pone acentos?
- Lo he notado.
- Quizá debería...
- Quizá no.

Duelo de miradas con el Padre Brown. La suya es blanda y a la vez dura. La mía pretende resentirlo como fuerza de represión social.

- ¿Por qué el pacman no es libre?- arremeto sin piedad.
- Porque no lo desea. Ley ominus sudaris pater. Nuestro padre suda la ley absoluta.

Estamos ante la imposibilidad de comunicarnos. El Padre Brown enciende un cigarrillo. En él, fumar es un gesto divino.

- Entonces, retomando, ¿usted cree que podremos solucionar esto?
- Hijo mio, no hay pecado sin absolución y, sin absolución, no hay pecado.
- Lo que usted dice no suena muy cristiano...
- Pero soy cura. La cristianidad soy yo y yo soy de aquello que la Biblia habla.

Justo entonces, como si el caos acudiera en mi ayuda, la heladera cobra vida y se nos une, en medio del living.

- Hola, soy la heladera- dice la heladera.
- Dios mio, su heladera habla- comenta el Padre Brown.
- Son sus primeras palabras.

Gentil, me acerco a la heladera para abrazarla. Su sinceridad me conmueve. El padre Brown, al fin, parece descolocado. Su expresión es la de un adicto que acaba de consumir jabón en polvo por error.

...

martes

Urman y su "Sólido estilo propio"

"Julián Urman escribe su primera novela y con poco rodaje ya se le reconoce un sólido estilo propio. Maneja códigos muy particulares, juega con los tiempos, articula bien los diálogos. Muy descriptivo, incluso el pensamiento de cada personaje parece una imagen. Por momentos se vuelve intenso."
Leéla completa, acá

Patricio Zunini y la primer reseña de Ravonne