viernes

Las buenas novelas; las buenas críticas

Críticos y lectores se unen a la pasión Ravonne.




Fernanda Nicolini y una crítica tan sagaz como laudatoria a la primer novela Tamarisca; publicada en la revista Llegás




LA VIDA POR LA TELE
“El asunto es así: la vida y la televisión van juntas. Una afecta a la otra. El asunto es cuál a cuál. La vida en este caso es el ensayo. Para filmar la ficción hay que producir la realidad”. El que habla es Luis, representante artístico de Candelaria García Fuentes, estrella de telenovela trastornada por el odio a su ex marido, Roberto Ravonne, galán en decadencia, alcohólico, acusado de abuso de menores, obsesionado con un retrasado mental y ahora dueño de una rotisería. Los tres, junto a un puñado de “actores de reparto”, son los protagonistas de Ravonne, primera novela de Julián Urman, nacido en 1978 y editor de la revista Pisar el Césped. Personajes de ficción que necesitan constituirse en personajes de (tele) ficción, sus acciones valen en tanto sean televisables, televisadas, encanten o entretengan a un público real o imaginario.

Así lo creen ellos. Pero no se trata de La Televisión cual entidad con vida propia capaz de deglutir, como se la suele referir. Sino que son los mismos personajes los que adoptan sus parámetros como rectores de la propia realidad. Cada movimiento debe resistir una cámara, aunque no la haya, y sus mentes parecen responder a un guión imaginario. “Camino a su casa Roberto Ravonne no piensa. Se deja llevar. Los árboles le parecen maniquíes y la iluminación perfecta. El micrófono, oculto, capta todos los pensamientos, o mejor dicho se los dicta”. De ahí que el disparador sea un plan descabellado ideado por Luis para generar una historia que pueda relanzar a la diva a la pantalla (porque, dijimos, “la vida y la televisión van juntas”): una serie de secuestros ficticios en los que Candelaria sea la víctima y Ravonne el cruel victimario. Todo lo que suceda, según el plan, será el material del próximo éxito televisivo. “Roberto, debo decirlo, nuestro pasado está por ser telenovela”, amenaza Candelaria. Y Roberto, el gran perdedor, no tendrá más alternativa que dejarse llevar por un guión no escrito que se empecina en convertirlo en el blanco de la peor condena para un galán: el desprecio de su público, además de otras calamidades (accidentes, golpes, borracheras). La historia es divertida y lo necesariamente absurda como para esquivar cualquier riesgo de lugar común. Urman es hábil para cambiar de puntos de vista, intercalar al narrador con las voces de los personajes, mantener el ritmo vertiginoso y saltar de escena a escena. Es hábil, vale decir, para ponchar cámaras. Y es inevitable reconocer lo que la incontinencia de Aira marcó y sigue marcando en los escritores jóvenes –hay mucho del delirante realismo aireano en las páginas de Ravonne-, por lo que también es posible emparentar a Ravonne con La Maldición de Jacinta Pichimahuida, última novela de Lucía Puenzo. No sólo porque a nivel temático en ambos textos los parámetros de la ficción y de la realidad se ven trastocados por las leyes televisivas, sino porque comparten el tono estridente, las construcciones ingeniosas, los pasajes acertadamente detallistas y el ritmo afiebrado. En Ravonne nadie puede parar: ni los personajes, ni el lector. Como en la tele.


FERNANDA NICOLINI

5 comentarios:

Vernika dijo...

que novelas podes recomendarme de misterios y sobres ovnis

Anónimo dijo...

La Patagonia Rebelde

Anónimo dijo...

planet de s. bizzio

Anónimo dijo...

Alguna de las 10 próximas novelas de Terranova, que va a probar con todo hasta que algo le salga bien.

gaucho marx dijo...

todo mafalda