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viernes

Un picadito, el Apache con la frente alta

El otro día en Clarín salió esta nota en la que nuestra estrepitosa estrella Sonia-Sonix-Apcheum-Fanus la juega desde adentro de la Bombonera.

sábado

Budassi, pasión de multitudes y de elites




Diego Rojas hizo una excelente entrevista a Sonia a propósito del Apache, el hit tamarisquense, en la Revista Veintitrés.

Acá van algunas partes de lo que salió publicado en online:

“Su manera de correr y luchar como un guerrero santiagueño con la pelota y, por otro lado, su manera de hablar me cautivaron muchísimo”, reconoce Budassi, que persiguió la entrevista, finalmente concedida, durante todo un año en los que usó los artilugios más literarios o detectivescos, según requiriera la situación. “Cuando hablo con mis amigos, les digo que el año pasado tuve una relación de amor odio con Tevez, en la que la parte negativa se producía por el nexo que había establecido con el manager: en ese vínculo rondaba el sadomasoquismo –explica–. Muy distinto al trato de Carlitos, que siempre es amable y simpático. Tal vez con Tevez había una relación histérica, cuando me decía que hacíamos la entrevista y después que no. Hasta que finalmente me la concedió.” Budassi conoció a sus amigos, recorrió Fuerte Apache, el barrio de la infancia del jugador (donde aprovechó la presencia de la Gendarmería para sacarse una foto elocuente), asistió a los recitales de Piola Vago y plasmó la aventura en su texto.




Lo que no entra en la categoría del aprovechamiento es la costumbre de prestarles autos hiperlujosos a sus amigos de Fuerte Apache, que Budassi cuenta en su libro. “Eso es amistad pura”, dice, categórica. No debería resultar extraño que Tevez provoque en una escritora el impulso por retratarlo. Bien podría ser que el jugador sea, además, un personaje en busca de un autor. ¿Qué características del jugador del pueblo seducen a una persona que trabaja con las palabras? “Tevez tiene una relación privilegiada con el significante: tiene una chispa que se aleja del guión del jugador políticamente correcto. Por ejemplo, cuando preguntan por la relación con un defensor alemán que había estado todo el tiempo molestándolo en la cancha, él responde: ‘No, está todo bien, él me habla, yo no lo entiendo, yo lo puteo, él no me entiende, pero está todo bien: ni él me comió la mujer a mí, ni yo le comí la mujer a él’. Y tiene facilidad para la chicana. Cuando estaba saliendo con una chica muy linda, Llamas de Madariaga lo entrevistó en un móvil. ‘¿No está con vos por la plata esa chica? Porque muy lindo no sos’, le dijo el conductor. ‘¿Vos qué sos, lindo, fiera?’, fue la respuesta inmediata”. En el libro, Budassi transcribe literalmente las respuestas de Tevez que, si fueran examinadas por expertos lingüistas, tratarían de modificarlas. “A mí me parece una sintaxis muy bella, me gustan sus reiteraciones. También ese tono cercano al melodrama. Pone un funcionamiento un mecanismo de ironía al discurso políticamente correcto del jugador de fútbol.”




viernes

Entrevista exclusiva!

En ésta entrevista que Mercedes Ezquiaga le hizo a Vanoli para Telam, se pueden leer cosas como éstas, que muestran la lucidez ya habitual del autor:

"Hubo situaciones, texturas que me demandaban escribir desde la voz de una chica. Pero tampoco fue un planteo en el sentido de decir `quiero lograr una voz femenina`, porque esa idea lleva un montón de presupuestos de género. No encuentro ningún valor en tratar de escribir como mujer siendo hombre, ni tampoco viceversa, si no va acompañado de ideas y de pasión por lo que se cuenta".


"En mis relatos yo trato de no esquivarle el bulto a la política suponiendo que va a estar en los silencios, en la digresión o el trabajo con el lenguaje, o repitiendo ese mantra un poco tonto de que `todo texto es político`, ni tampoco tocar toscamente temas con `aura política`, sino diagramando relaciones y territorios que entren y salgan del discurso político y de la abyección, y que intervengan en la serie discursiva sobre lo político inmediato, sin renunciar al humor y al entretenimiento".
La entrevista completa, acá
(compralo en la feria del libro de buenos aires!)

domingo

las preguntas de walter lezcano

El enorme Walter Lezcano, mentor de Editorial Mancha de Aceite, la primera editorial independiente de San Francisco Solano, me hizo algunas pregunta que pueden leerse acá:

http://editorialmanchadeaceite.blogspot.com/2009/09/hablan-los-que-escriben-hoy-responde_26.html

sábado

"La edición de un libro es un trabajo colectivo"

Patricio Zunini entrevista a Damián Ríos; una linda entrevista que lee.

"¿Tu primer laburo de edición fue en Interzona?

Mis primeros laburitos de edición los hice con Daniel Duran, José Villa, Mario Varela y un grupo de chicos más que hacían unos libritos que se llamaban Ediciones del Diego de poesía.

Unas plaquetitas.

Eran plaquetitas, claro. Un día le caí a Durán con una carpeta con poemas y cuentos y al mes me fue a visitar a donde yo laburaba con un libro mío que él había editado. Fue muy extraño porque él había hecho una lectura de los poemas y los cuentos, los había mezclado y había hecho un trabajo de editing muy fino. Ahí me di cuenta de que detrás de un libro no sólo está la cabeza del autor sino también otra cabeza y en tanto autor no soy sólo yo sino también él, el que le puso la tapa. Con mi primer libro, que fue en el ’97, fue la primera vez que me di cuenta que la edición de un libro era un trabajo colectivo, que un libro es un trabajo colectivo. A partir de ahí me empecé a interesar por el tema, por el papel, por las tipografías, hice algunas con él, edité un libro de poesía de Cecilia Pavón que se llama Un hotel con mi nombre. Hice algunos laburitos. Después sí se formó Interzona, en 2002. Pero mis primeros laburos los hice en Ediciones del Diego."

PARA LEERLA COMPLETA LE RECOMENDAMOS HACER CLICK EN ESTAS LÍNEAS QUE CONDUCEN AL BLOG DE ETERNA CADENCIA EDITORA-LIBRERIA


lunes

Bruzzone Inrocks!


clickeando, como siempre, sobre la imagen, se logra que ésta se agrande y se vuelva legible en términos textuales.

miércoles

Bruzzone at the end at the begining y everywhere de allá pacá



Como los editores estamos orgullosos como tía jacinta por este escritor así tan proclamado que apareció cerca de nosotros hasta aprendimos a postear en inglés y hacer títulos cosmopolitas y globalizados a ver si se nos pega algo del glamour literario de nuestra decena de autores (ya podrían invitarnos a una fiesta en Palermo llena de extrajeros que compren los libros en euros, no te digo a Inglaterra, ni te digo ofrecernos alguna traducción pero tampoco estaría mal, tenemos passports e ISBN al day además de autores re copantes).

"76
Félix Bruzzone
Tamarisco
144 págs. $ 29
Sin dejar de ser un primer libro de cuentos, el autor aporta cuotas de frescura a la narrativa argentina. En un tema delicado como la dictadura, brinda nuevas reflexiones que, en su novela Los topos (Mondadori), llega al delirio."
La cuestión es que la revista "de cultura masiva", la mismísima Ñ, menciona 76 como uno de SUS ELEGIDOS DEL AÑO en las últimas ediciones de esa revista en 2008 pero...

Mientras tanto...(diría Urman)

En la redacción de ADN Cultura...

María Eugenia García lee, prepara un cuestionario pero quizá también improvisa, frente a Bruzzone, para luego desgrabar, para luego editar, para luego publicar, esta entrevista aparecida en el segundo número del reciente 2009:

"Hasta hace poco, Félix Bruzzone sólo había publicado algunos relatos en antologías de escritores jóvenes. En 2008, con apenas unos meses de diferencia, publicó un libro de cuentos titulado 76 (en Tamarisco, editorial que el autor fundó junto con tres amigos y colegas) y luego la novela Los t opos (Mondadori), dos trabajos que le han dado visibilidad dentro de la generación de nuevos escritores y que han cosechado críticas elogiosas. Hechas de la misma materia prima, las historias de Bruzzone están atravesadas, de principio a fin, por un hecho imposible de eludir: nacido en 1976, Bruzzone es hijo de desaparecidos, condición que comparten todos los protagonistas de sus ficciones.

Bruzzone habla de Los t opos como de una extensión de 76 : "La novela iba a ser un cuento. Pero nunca me cerró y se terminó estirando. Es como una especie de bonus track de 76". Lo que comienza como una historia realista, sobre un chico que se muda con su abuela frente a la ESMA y sospecha que tiene un hermano nacido en cautiverio, continúa con las andanzas del personaje que rastrea su identidad por los lugares mas inverosímiles, en una suerte de road movie desesperada y delirante, llena de situaciones impredecibles. Aquello que en los relatos de 76 aparecía contenido, en Los t opos estalla. Los personajes del libro de cuentos también han crecido al calor de familias sustitutas y viven tratando de llenar el vacío y las ausencias que los habitan. Pero de 76 a Los t opos (una novela de iniciación que explora las consecuencias que los años de la dictadura proyectan en el presente) los protagonistas parecen pasar de niños a adultos ante los ojos del lector.

-¿Por qué parte de personajes con esas características?

-Siempre trato de arrancar poniendo sobre la mesa que el personaje principal es hijo de desaparecidos. Y lo hago para ser honesto, para evitar decir las cosas a medias, para escapar de metáforas de las que se ha abusado en la literatura sobre la dictadura. Como cuando se escribe "Pasaban los Falcon verdes", por ejemplo. Con esas imágenes tan obvias se pierde fuerza. Y se pierde capacidad de cuestionar, que me parece lo más importante respecto del tema de los desaparecidos. Porque aparece un Falcon verde y los que viajan adentro son por definición todos malos. Tengo la fantasía de escribir una novela con un torturador bueno. Creo que hay cuestiones previas a la constitución de una lucha política. En el Falcon verde viaja un tipo que tiene hijos. Me parece productivo escribir desde donde escribo porque el hijo de desaparecidos tiene algo muy previo, la situación de no tener padres. Siempre va a sentir ese hueco, ese no saber qué pasó, ese origen medio bastardo. Para escribir sobre esta experiencia no necesito investigar, porque la viví. Pero en mis relatos siempre termina interviniendo la ficción, que es lo que a mí me interesa al contar una historia. Uno nunca sabe dónde va a terminar, la historia ya es libre" Continúe leyendo...

viernes

FIN DE AÑO NEWS

Salió nuevo número de No retornable.

Entre otras cosas maravillosas,
Bruzzone dialoga con Crespi sobre 76.

"Leo de corrido 76. El libro de Félix Bruzzone me pone en una situación incómoda. Situación, en términos sartreanos: encuentro conflictivo entre lo real y lo imaginario. Preparo las preguntas a partir de esa incomodidad. Sé que no son sencillas de responder. En algún caso tampoco lo serían para mí. Y sin duda son una especie de revancha que ensayo por la situación de incomodidad en que el propio texto de 76 me ha puesto. Dudo un momento: borro el documento con las preguntas, quito las partes más molestas (aunque en algún punto me resulten interesantes), reescribo otras. Sé que esto habla tanto de la relación del lector crítico respecto del texto general de la cultura como de su relación con texto literario en particular y su historia. Sé también que en estas preguntas él sabrá leer que me he tomado a 76 como un asunto serio.
MC: ¿Qué es lo que te convenció de que las historias reunidas en 76 (Tamarisco, Buenos Aires, 2008) debían formar parte de algo en cierto modo tan exterior a la verdad de la Historia como la literatura? ¿Cómo fue el momento de concepción de este libro que, desde diversos ángulos, no deja de interrogarse (con cierta obstinación pero también en cierto sentido desapasionadamente) por los modos y los motivos de la pérdida?

FB: Me gusta pensar en narrar por afuera. O que no quede claro desde dónde se está hablando. La verdad de la Historia (de la “Historia reciente”) tampoco es una cosa que uno tenga del todo clara. La represión, sí. Los Falcon verdes. Hay novelas en las que esa frase, “Falcon verde”, aparece cada cuatro o cinco páginas. Por momentos uno se pregunta si en eso no hay una parodia. Un exceso, ¿no? “Los Falcon verdes sembrados de itakas”, ahí hay algo casi carnavalesco. En 76 hay una presentación del material en clave literaria. Eso quizá da para pensar en un afuera de la verdad Histórica, o para pensar en una verdad de la ficción. Pero esas dimensiones en el fondo se cruzan. Porque hay una recurrencia a la primera persona, por ejemplo a historias que me pasaron, aunque dislocadas, etc. Es como una doble entrada, por lo menos, que a mi modo de ver implica pensar a la ficción como dimensión de lo real. No como dimensión paralela, mundo paralelo. Pensarla como otro de sus entramados: largo, alto, ancho; y representación. En la física, para que cierren los complejísimos modelos que explican la materia, las fuerzas, todo eso, postulan muchísimas dimensiones adicionales a las que manejamos habitualmente. A mí me gusta pensar que una de esas otras dimensiones es la de la representación; o la de la narración, directamente. Porque la narración tiene vida y coordenadas propias, como el triángulo de las Bermudas. Determina el rumbo a partir de su mandato rítmico, sonoro, sintáctico. Si empiezo a contar unas vacaciones en la playa que tuve a mis once o doce años lo más probable es que en algún momento el relato tenga que torcerse según las reglas que la narración le va imprimiendo. De la segunda pregunta ya te puedo contestar algo un poco más de “campo literario”, por llamarlo de alguna forma. Y es esto: si la literatura sobre los setenta se piensa a veces como algo caduco, algo que ya en los ochenta, con la llegada de la democracia, empezaba a hacer agua, a priorizar la condenación, la brecha entre malos y los buenos, todo eso, a perder riesgo, a estabilizarse en una cosa maniquea y poco sutil, o llena de sutilezas obvias, metáforas cristalizadas, etc., ¿cómo hacer para darle aliento?, para tomar ese que es uno de los grandes problemas de la sociedad y hacerlo hablar otra vez, con todo lo que eso implica. Me parece que, en este sentido, lo que vos decís, eso de la pérdida, es una clave. Porque antes de cualquier disputa, de cualquier toma de posición, las miradas de personajes que, como los de 76, perdieron a sus padres, tienen que ser necesariamente distintas. Tienen que generar una tensión, necesariamente. Y eso para mí es literariamente productivo. Engancha las cosas de otra manera, las reordena. Y todo sin tener que renegar de algo que por momentos se mezcla con esa sensación de hastío, de “otra vez una de la dictadura”. Yo no sé, pero películas de nazis se siguen haciendo, a montones. Incluso de nazis malos. Y eso que en el medio estuvo Corea, Vietnam, la guerra fría, la del Golfo, el 11 de septiembre, etc. Creo que son temas para desarrollar, no para dejar estancados o en esa especie de limbo fofo de “relatos de la dictadura”. "

Una obra de Valeria Tentoni


Tamarisco en Nexo, el suplemento de cultura del Periódico Ático, de Bahía Blanca. clik y se re agranda.

lunes

Sí, es cierto. Lavamos dinero.



Excelente entrevista a Félix Bruzzone, por Roka Valbuena (gracias) en el diario Crítica de hoy.


"Se puede decir que Félix Bruzzone ha ingresado en la cancha de la literatura vistiendo la camiseta número 76. La editorial Tamarisco le dio la orden de que ingrese al campo de juego y Félix, que llevaba trotando al borde del césped tantos años ofreciendo sus textos por aquí y por allá, se puso la camiseta y entró a hacer su debut con 140 páginas. En el interior de la cancha están los mismos de siempre pateando las letras. Fogwill desnucando a los rivales, Ricardo Piglia pactando con el árbitro el alargue del tiempo, César Aira distraído mirando la platea y, entre medio de todos, cargando ocho cuentos, ha aparecido con sencillez Bruzzone.

Para Bruzzone el número de su camiseta no es casual: 1976 es el año de la vida y el de la muerte. Es el año en que nació. Pero también en el que aquellos que le dieron la vida, Félix y Marcela, fueron raptados por los militares. Es el año en que Félix Bruzzone, gracias a la dictadura, se transformó en un hijo de desaparecidos. Y, bueno, por todo eso, 76 –así, seco– se llama su primer libro de cuentos.

“Estos cuentos se mezclan con la autobiografía”, dice, con certeza, Bruzzone, maestro de primaria en reposo, actual limpiador de piletas de natación de la zona norte, casado, padre de dos hijos pequeños. Son ocho cuentos en los que la desaparición de sus padres flota en todos los relatos, pero, tal vez, con una mirada novedosa: Bruzzone no juzga a nadie. En sus cuentos hay más nostalgia que furia. Más humor que odio, siempre hablando desde su condición autobiográfica.

“La constante de los personajes es que son hijos de desaparecidos. Lo que pasa con alguien en esta condición es algo que no se lo tengo que preguntar a nadie, por eso sentí que era productivo literariamente narrar desde ese lugar”, dice el autor de 76.

Se enteró a los ocho años de que sus padres no habían muerto en un accidente. Su padre, piensa él, fue trasladado a Córdoba. Su madre a Campo de Mayo. Bruzzone cree que a Marcela la arrojaron al mar. Treinta y dos años después de ese suceso aparece en librerías la recopilación de su pacífica búsqueda personal. “En la literatura argentina, con respecto al tratamiento de la dictadura, hay una premisa muy fuerte sobre a quién ponderar y a quién no. Se dice que Videla era malo o que los militares eran malísimos. Pero mi idea de la literatura es que tiene que dar cuenta de los problemas, más que juzgar. El juicio lo hace el lector después”, lanza con toda tranquilidad. Y eso lo dirá después otra vez. Los malos no son siempre malos, dirá. Los malos también son humanos, dirá con la misma voz de reposo que aparece con letras en su libro.

–¿Usted siente que pertenece a una hornada de nuevos escritores? "

(CONTINUE LEYENDO AQUÍ)

(recuerde que, desde el interior, puede adquirir su ejemplar vía LIBRERÍA CAPITULO DOS)

miércoles

hoy a las 19:00

hoy en eterna cadencia (honduras 5574)
19:00hs.

"libro marcado"

agustina muñoz
juan incardona
martín brauer
félix bruzzone

conduce cecilia szperling

jueves

Lo que quedó de los Mudos / Lo que viene


Velada de gala en el Conventillo. Con entuertos faranduleros por doquier, las luminarias de la NNA (sic) se dieron cita en una noche que dejó mucha tela para cortar. Funes, el anfitrión, agasajó a sus invitados con bolsas llenas de un polvo blanco de procedencia incierta. El departamento de prensa de Tamarisco rescató algunas perlas dignas de la primer página de ADN o de la vidriera de la revista Caras:

“Los felicito, les quedaron muy bien. ¿Qué son, tarjetas?”
(el tipo del bar donde se manufacturaron los simples)

“Los simples de Tamarisco son una gran idea. Tienen lo mejor de las antologías, y dejan de lado lo peor”
(Federico Levín)

“No lo puedo creer, Levín nos está elogiando”
(Sonia)

“A un pibito de dieciséis años yo quiero hacerlo volar”
(Richard Romero)

“¿Querés leer algo en mi cumpleaños?“
(Linne, a cualquiera que le convidaba cerveza)

“Esto es un desastre. Invité a todo el mundo a leer. No da”
(Linne, media hora más tarde)
"- Me compre In Fraganti"
(Marina Kogan)

“- Martina me cortó el pelo (Ariel Dedalus)
- …
- te hace más joven (h tamarisco)”

“En Madrid no hay lugares como este”
(Terrasa)

“Hasta hoy, lo único que había ganado en los sorteos de Funes fue una revista de circulación gratuita”
(h tamarisco)

“Pandolfelli está arreglado”
(todo el mundo, tras verlo ganar su vigésimo cuarto sorteo)

“¿Cómo es la Ratonera?
Está bueno, es grande. Vi las fotos por internet”
(Diálogo entre Leo Oyola y una joven editora)

“- Mirá, ese es Martín Brauer
- Hay que publicarle el blog”
(diálogo entre dos jóvenes editores)

“Terrasa lee muy bien. Parece alemán”
(Levín)

“- Molina, que tenés en la cabeza. Estás re ochentoso
- Estaba abierta la ventana del bondi”
(Romero y Molina, a su llegada)
(Gracias Leo Oyola por el flyer)

martes

Una de J.G.


"Los novelistas no son la gente más agradable que hay. Suceptibles, poco estimulados y conscientes de que los mejores días de la novela han quedado atrás, en la época del vapor, su puesto en la escala de la simpatía está entre los inspectores fiscales y los funcionarios de migración, con quienes comparten el origen social y un indigno interés por el dinero"

jueves

Talando bits


"En algún momento se criticó la cuestión de publicar en PDF los libros."

"Laburamos con todas estas limitaciones pero por otro lado tenemos una libertad absoluta."

Patricio Zunini sigue instigando a los tamariscos para que digan más.


domingo

charla abierta con César Aira en la Capital del básquet












Regalamos la parte de la desgrabación que quedó fuera de la edición final publicada acá acá y acá.

(Gracias, una vez más a Gustavo López, fundador de Editorial VOX. La entrevista pública a César Aira estuvo a cargo de él y de Luis Sagasti)

-En los 60 te fuiste de Pringles a Buenos Aires a estudiar, y ahí continuaste la alianza con Arturo Carrera. Fundaron la revista El cielo; algunos piensan que la suya era una relación como la de Borges-Bioy…

-Entre Borges y Bioy había una relación de maestro-discípulo, de amigos-guía, había una diferencia de edad. Pero con Arturo nos llevamos a penas un año, nos conocimos desde muy chicos. Siempre repito que la primera vez que lo vi, fue la primera vez que me sacaron de mi casa después de haber nacido. A los tres o cuatro días mi mamá me llevaba a lo de mi abuela y en el camino se encuentra con la abuela de Arturito, que lo llevaba en brazos también, y le dijo, dale un beso al bebé. Y Arturito me mordió la nariz. Ese es el mito fundacional de la amistad. A los 13 años mas o menos empezamos los a escribir, y hubo una suerte de repartición de los campos. El escribía poesía y yo relatos y siempre hemos mantenido ese pacto original.
Cuando teníamos 20 años hicimos una revista, como todo joven que escribe, que tiene que hacer una revista. Se llamaba El cielo, salió en el 69 o en el 71 y quedó pendiente el numero 4. Yo sigo poniendo en la solapa de mis libros, “dirige la revista El cielo”. Pero no creo que el numero cuatro salga; la estamos pensando hace 37 años.
Ahora con Arturo nos vemos menos porque viajo mucho, paso poco tiempo en Argentina. Pero cuando un contacto se hace tan pronto y está en la base de una vocación, sigue para siempre.

-¿Los dos empezaron a estudiar Letras juntos?
-Arturo viajó para estudiar medicina, porque era una promesa que le había hecho a su abuelita. En cambio yo me fui con la excusa de estudiar abogacía, porque era la única carrera que no se podía estudiar en Bahía Blanca. Dure dos años, hasta que no daba más. Luego hice con mucho entusiasmo y muy rápido la carrera de Letras, me recibí pero nunca ejercí como profesor. Pero no me gusta contar mi vida, porque como la de muchos escritores es opaca, sin aventuras, de estar sentado leyendo, escribiendo, las aventuras pasan por el plano imaginario

-¿Cómo fue tu relación con Osvaldo Lamborhini? Es sabido que estuvo con vos y Carrera en Pringles
-Osvaldo vino a reemplazar un poco a Alejandra; a él lo conocimos poco después de la muerte de ella. Llevaba una vida un poco desaforada como ella que, también por su obra, quedaba encuadrada en lo que se esperaba de una poeta post surrealista pero rompió esos moldes tanto en su vida como en su obra. Lo importante fue el privilegio de tener esa clase de amistades. Es cierto que lo mirábamos un poco de afuera, como chicos de pueblo, de clase media, fuimos y somos pequeño burgueses, así que esa figura centelleante, rutilante de la bohemia y de la autodestrucción lo mirábamos de afuera con fascinación y también con cierto remordimiento porque estetizar dramas personales termina mal.