lunes

Segunda entrega

Para vos, Camile.

- Marta,estoy que no puedo más.
- ¿Pero le dijiste vos?
- Sí, claro.
- Ay, tené cuidado...
- ¿Cuidado con qué?
- Y, es un menor, Delita, mirá si la madre se entera...
- Por favor, es un hombre. Y además no tiene madre.
- ¿Y vos cómo sabés?
- ...
- ¿Qué? ¿te lo contó él?
- No, lo escuché yo misma.
- ¿Cómo?
- Porque un día él estaba acá atrás, en el baldío, viste.
- Ajá...
- Y estaba con los muchachos esos con los que anda siempre, que son unos estúpidos, mirá, yo no sé para qué se junta con ellos...
- Pero dale ¿qué escuchaste?
- Resulta que estaban jugando a la pelota y uno, enojado, le grita: "Ernesto, andate a la puta madre que te parió".
- ¡Delia!
- Bueno, le gritó así. Y muy fuerte se lo gritó. Y entonces él, pobrecito, se puso como loco.
- ¿De verdad?
- Sí, no te imaginás. Empezó a gritarle al otro que su mamá había muerto en el parto y que era un insensible de mierda y que cómo después de tanto tiempo nadie le había dicho nada y qué se yo cuántas cosas más.
- Mirá vos...pobre chico.
- Sí ¿viste? Cada vez que me acuerdo se me hace un nudo en la garganta.

Qué lento se pasa el día. Cómo quisiera que ya fuera de noche y estuvieras conmigo. Sentado en el sillón del living vas a preguntarme cosas y a todo voy a decirte que sí, aunque sepa que no voy a decirte que sí. Para vos todo. Y por ahí, quién te dice, cuando estés contento y agradecido... Podría ser ¿no? Qué sé yo, Dios dirá, yo no pierdo las esperanzas.

Octavio, levantate. Dale, levantate que son las tres y media. A las cuatro te pasa a buscar Tito. Ahí te dejé listo el bolso. La caña está al lado.(...) No. No me dijiste que querías un sandwich.(...) Te digo que no me dijiste, Octavio, y si tanto te molesta hacételo solo y a mí dejame tranquila.(...) Pero andate, quién te necesita. ¿Y? ¿Qué hacés acá todavía?(...) Sí, mejor. Chau. Y cuando decidas volver, llamá antes por teléfono.

Me arreglo para vos. Mirame. Rimel negro en las pestañas. Bien espesas, como a los veinte, cuando no necesitaba maquillaje. Y rubor, mucho rubor para que mis mejillas se iluminen. Así. ¿Te gusta? Pero falta todavía. Delinearme los ojos con lápiz negro para tener una mirada más profunda. En los labios, carmín. Un poquito de sombra verde, esfumo un poquito así, ahí está, para que no quede tan recargado, sabés. Y para terminar, unas gotitas de este perfume tan rico. Acá, atrás de las orejas, en el cuello y detrás de las muñecas. Ahora sí, estoy lista. ¿Qué te parece, mi amor?

4 comentarios:

yacuzzo dijo...

Octavio serial killer
que siga!

Anónimo dijo...

No leo mucho los blogs, habia llegado a este por el google. Recien me fije a ver si estaba la segunda parte de la historia esa,que pense que salia los lunes y recien veo que Violeta, me lo dedico.Muchas gracias! Me emocione, de verdad gracias.
Saludos

Playmobil Hipotético dijo...

sé bien por qué me hizo acordar a las previas de las sesiones sexuales en Lamborghini, O. Algún día hay que escribir sobre aquellas personas que si le dicen andate a la puta que te pario, se enervan y dicen: con mi vieja, no eh, a la vieja no.
me gustó mucho

Violeta Gorodischer dijo...

Gracias Playmobil! es medio típico eso de la vieja, eh. Tendría que buscarlo en Lamborghini,siempre tan útil él. (Me contaron una anécdota fantástica el otro día, pero la dejo para otro momento)