sábado

Alejandría II

Este martes, Hernán Vanoli y Violeta Gorodischer leerán sus respectivos cuentos en Alejandría, junto a Patricia Suárez.
Un salpicadito de textos, previo a la presentación oficial de Tamarisco y sus primeros dos libros de narrativa.
Esperamos verlos!

viernes

me dejó pensando

"La literatura es la consecuencia de una hipocresía legendaria. Si el hombre tuviese el coraje de decir la verdad en el instante en que la siente y frente al que se la inspira o provoca (al hablar, por ejemplo, al mirar, por ejemplo, al humillarse, por ejemplo) pues es en ese preciso instante que siente cuando padece o se inspira; si tuviese el coraje de expresar la belleza o el terror cotidianos; si tuviese el coraje de decir lo que es, lo que siente, lo que odia, lo que desea, sin tener que escudarse en un acertijo de palabras guardadas para más tarde; si tuviese la valentía de expresar sus desgracias como expresa la necesidad de tomarse un refresco, no hubiese tenido que refugiarse,ampararse,justificarse, tras la confesión secreta, desgarradora y falsa que es siempre un libro".

Reinaldo Arenas, fragmento de "otra vez el mar"

domingo

Lento y seguro


No es un buen título para una película de acción, mientras algunos descansan en playas paradisíacas, otros hamacan a su niño y duermen mal por estudiar, sobreviven la resaca de las tardes grises con un remisero que habla bien del presidente mientras escucha en la radio un viejo sonido machista y pop, otros limpian sus sucias cerradas casas por no limpiar durante la semana, terrible pelusa arañas alrededor del colchón, sobrevivir la crítica mala de un medio olvidable fachista y atolondrado, y las ojeras de trasnoches y siestas demasiado largas, justo ahí, como si existiera una lògica, que en verdad no existe, queremos ver el hueco en el que se diseña lo accesorio pronto fundamental, cortar por la mitad el rollo cotidiano, ir A por más.

*a la gente le gusta cada cosa!

La editorial es nuestra extraña forma de placer.
Posible lema interno: "hay que conectar con el deseo"
Mientras, pasamos las correcciones, nos peleamos diplomàticamente con el de la imprenta, con nuestros jefes y parejas, negociamos pequeñas formas de poder, redactamos gacetillas, convenimos reuniones con lindas distribuidoras, nos cansamos, por un instante, de todo lo que gira en torno a esto y a veces alguien piensa...pero yo quiero escribir, y sale un globito de historieta desde los rulos de Bruzzone hasta la gran altura de Hernan, como Twities en escaleras, Budassi y Gorodischer participan y devuelven. Y al toque sabemos que nos gusta, no hay nada más que podamos hacer . Correr del trabajo a una reunión por dos libros más en el mundo -en principio- conmocionados como abichuelas sentimentales recién atrapadas en la orilla ¡quiero ser puchero marítimo!

Y Carla -diseñadora estrella con su correspondiente nunca redundante participación estelar-nos envía un logo Tamarisco en baja, que pasamos a mostrar.

viernes

Hernáaaannnnn






Tocá el mar por nosotros y plantá tamariscos en sus playas, que todavía no conocen la especie.
Nos vemos pronto
(mucha palmerita por ahí, eh)

lunes

Paradójicos consejos de lectura

Como una novela-Daniel Pennac

Un manual de lectura apócrifo

"El verbo leer no tolera el imperativo. Es una aversión que comparte con otros verbos: amar, soñar. Claro que se puede intentar. Podría decirse: ‘¡Amame! ¡Soñá! ¡Leé!’." Así comienza el libro de ensayos del francés Daniel Pennac, autor de novelas desopilantes como La felicidad de los ogros. Las quejas sobre la falta de lectura son el lugar común de todo adulto de cierta educación, mientras proliferan los manuales –como el recién editado Cómo promover la lectura– que cargan la lectura de solemnidad o pretenden convertirla en algo "útil". Pennac propone un rotundo cambio de eje e incita a romper cualquier imposición o regla heredada. En principio, desterrar los perversos supuestos que afirman que hay que terminar un libro que se empieza, o que un libro no debe escribirse. Rebelde fetichista, afirma: "Muy pocos objetos despiertan, como el libro, el sentimiento de propiedad absoluta. Al caer en nuestras manos, se convierten en nuestros esclavos (...) Como tales, sufren los peores tratamientos, fruto de los más locos amores o de horrendos furores. Yo doblo las esquinas de las páginas y pongo la taza de café sobre la cubierta", confiesa.
Su decálogo burla las guías de lectura mientras construye una propia. En cada ley, una verdad. "Más instructiva aún que la manera de tratar los libros, es nuestra manera de leerlos. Los lectores nos concedemos todos los derechos, comenzando por aquellos que rehusamos a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura: El derecho a saltearse páginas, a leer cualquier cosa, a leer en cualquier parte." El texto prescriptivo se esconde tras un relato ágil en primera persona. Con respecto a Guerra y paz, de Tolstoi, confiesa: "Me salteé las tres cuartas partes del libro por no interesarme más que el corazón de Natascha". Como una novela es una secreta y paródica apología de la lectura, una suerte de manual fraudulento que siempre logra la complicidad del lector.

Publicado en el Suplemento de Cultura del diario Perfil

jueves

Tamarisco IV

El librito de Leonel diseñado por Carla Gnoatto.
Opción preferida
.











Los Tamariscos prefieren esta disposición y colores para su libro de cuentos; Carla, ama y señora del diseño, también.

Las uñas están pintadas por Cotty, las páginas del fondo son pruebas de imprenta corregidas con Bic.

Así da gusto trabajar en equipo.

lunes

El sentido de los espacios vacíos-Reseña

Los estantes vacíos es un continuo de discontinuos: momentos, fragmentos, fotografías que, como la ilustración de portada, no parecen sino instantes robados de una vida. Hay un lenguaje acertado y concreto en boca de un narrador humilde que logra un registro mimético de lo cotidiano. Así, con pasos lentos pero seguros, el libro va dibujando la geografía de una ciudad dormida. Los barrios y suburbios de Buenos Aires se vuelven de pronto escenario de los personajes, simpáticos flanêurs del subdesarrollo: calles, colectivos y grafittis son el fondo de diversas pinceladas que luego, en el conjunto, permiten (re)construir una historia. Como alguna vez hiciera Saer en sus Cicatrices, los personajes de Molina cruzan sus vidas acaso sin saberlo, o sí, cómo estar seguros. El hecho es que ocupan y relegan lugares protagónicos en función del punto de vista con que se los quiere contar. Un libro que podría definirse como la suma descriptiva de momentos, sentimientos y relaciones que no se dirigen hacia ningún punto concreto. Casi el opuesto exacto de la célebre teoría de la composición de Poe, aquella en la que el opiómano afirmaba que el final del cuento debe ser tan sorpresivo que "tome por el cuello al lector". Pero no es esa, precisamente, la intención de Molina. Y tal vez en eso resida el hallazgo: la aparente incertidumbre de la espera justo ahí, en plena complicación del relato. Esa supuesta apatía del libro reflejada en sus múltiples niveles (lenguaje sobrio, personajes poco descriptos, diálogos breves, situaciones esbozadas) es sólo la punta del iceberg, a lo Hemingway. El resto duerme bajo el hielo y subrepticiamente, casi de incógnito, se hace sentir. Es esa tensión que cualquier lector atento percibe. La trama latente que corre, oscura, debajo de cada gesto, de cada frase, de cada discusión o amorío, encuentro o desencuentro. Las palabras precisas y no elegidas al azar con que el autor decide dejarnos ahí, en el "justo que". La forma en que el final abierto nos obliga a repensar lo anterior cuando los personajes reaparecen con matices diferentes, en situaciones diferentes, resignificando cada vez lo ya leído. Entonces la apatía deviene dinamismo, empatía con el autor: los lectores valoramos la humildad de quien nos deja imaginar. De quien relega la soberbia narrativa de querer acapararlo todo. Esa que, a veces, termina opacando el interés potencial de un libro.

domingo

La duda nos agobia

¿¿¿¿Qué le dijo el jugador italiano a Zidane????¡¡¡¡¡Por Dios!!!!!

jueves

Entrega III

Para J.U.

- Bueno, el último té, Marta, mirá que son las nueve y media.
- Si, ya sé.
- Ay, es que estoy un poco nerviosa.
- ¿Vos, nerviosa? ¿Desde cuándo?
- Es que con él es distinto, creeme. Nunca me pasó algo así, ni con Octavio.
- ¿Para tanto? ¿No exagerás ?
- No, en serio. Es tan tierno, tan atractivo, como...como un niño hombre, algo raro, viste, pero eso es lo que me encanta de él, esa mezcla rara.
- Mirá vos...
- No creo que me entiendas, pero igual gracias, gracias por acompañarme.
- ...
- ...
- ¿Qué pensás? ¿En Octavio?
- No. Trato de recordar qué viene a pedirme Ernesto.

Y qué pasa si de pronto me vuelvo joven. ¿Cómo me mirarías? Como a las chiquitas esas que persiguen ustedes, porque yo los veo, no creas que no. Pero también veo que sos el único que no les grita cosas cuando ellas pasan por delante de la canchita de fútbol. No, vos las mirás de otra forma. Y si un segundo después te das vuelta y, de espaldas a mi ventana, movés los labios para que los demás se rían, no sé por qué es, no quiero saberlo. A mí me gusta la otra imagen: un muchacho respetuoso que observa en silencio a la chica que, en este instante, me gustaría ser.

- Pasá.
- No, está bien, no se moleste, Delia.
- Pero pasá, te digo. Ponete cómodo. Y tuteame.
- Bueno, un ratito nomás, eh.
- Ahora dame tu campera, ahí está, la colgamos acá ¿sí?
- Sí, gracias.
- Bueno. ¿Qué querés?
- ¿Perdón?
- Qué tomás.
- No, nada, gracias, no se preocupe.
- No, algo vas a tomar, Ernesto. Y no me trates más de usted, ya te dije.
- Bueno, no sé...agua.
- ¿No preferís una cervecita?
- Si usted, perdón, si vos también tomás, acepto.
- Perfecto. Esperame acá que voy a la cocina a buscar una y la tomamos entre los dos. Sentate, querido, ya vuelvo.

Dios, ayudame, por favor ayudame. Estoy temblando, no puede ser. Ay...esos ojos, no me mires más así porque no aguanto. Tengo que hacer algo. Apoyar mi mano sobre la tuya. No. Muy precipitado. Debés tener sueño. Sugerirte que te recuestes en el sillón. Y acariciarte el pelo mientras tus ojos se cierran. Tal vez eso...tal vez después pueda inclinarme sobre vos. Ay, me transpiran las manos. Tengo que apurarme, si no vas a aburrirte. Pero estoy tan nerviosa...Dios mío, ayudame.

- Acá están las cervecitas...
- ...
- Las apoyamos acá, a ver... ¿me hacés lugar ahí? Si, ahí a la izquierda, levantá ese libro, ahí está, un vaso por acá y el otro por acá. Listo.
- Eh...a mí se me hace un poco tarde, Delia.
- ¿Pero no vas a tomar?
- Si, un poquito, pero voy a tener que irme en cinco o diez minutos porque mi mamá me espera a cenar, sabés.
- ¿Cómo tu mamá?
- Sí. ¿Qué tiene?
- ...
- ¿Estás bien? Te pusiste pálida.
- No...me habré confundido...
- ¿Con qué?
- Nada, nada, dejá, cosas mías. Vos tomá tranquilo, no te preocupes.
- ...
- ...
- No quiero ser atrevido, pero...
- ¿Qué? Decime qué necesitás.
- La caña de pescar.
- Ah, la caña...
- Ajá...
- Es que tal vez se la llevó Octavio. A ver...esperá que me fijo bien, por ahí no se la llevó...
- No, deje, deje. Perdón, dejá. Paso otro día, no te preocupes.
- Pero es un ratito nomás, voy y vuelvo, seguro que algo encuentro.
- No, de verdad. Tengo que irme. Si la encontrás, me avisás mañana, ¿sí? Yo a la tarde juego al fútbol acá a la vuelta. Hay muchas canchitas pero yo voy a la del baldío, justo acá atrás ¿sabés cuál te digo?
- Sí, creo que sí...
- Bueno, entonces quedamos así. Chau, Delia, y gracias por la cerveza.

PATOS ROBADOS

(cuento leído el martes pasado en Alejandría)
Lo del auto no va más, Piti, hay que inventar algo nuevo, no arriesgarse tanto, la otra vuelta Cristo quedó pegado porque el puto de la remisería de allá le reconoció la chata, y también ese Rey de Reyes qué se pensaba, que iba a ser siempre capo, de una que lo iban a agarrar, si está más quemado que… esa chata es más famosa que Susana Giménez, además es un Rogelio, ¿te pensás que era verdad lo de los secuestros?, si la vez que secuestró a esa borrega, que encima no tenía un mango, pura decoración, se quedó enamorado, esa guacha tenía que ser más puta que un canguro, y el Cristo ese un Sancho, apenas se pone a hablar de ella y ya se pone nervioso, parece una medialuna, el otro día me contaron que unos de acá a la vuelta usan unos patos, andá a saber de dónde los sacaron, Temaikén, les dicen, y mi amigo el de allá, el Dama, dice que cuando empiece a irles bien van a poner una granja y van a vivir de eso, son medio agujero, ¿viste?, pero la verdad que la de los patos es de chilena, ¿a quién se le va a ocurrir que te los cruzan a propósito?, aparte laburás tranquilo, cerca de las casas, te metés dos cuadras y ya no te agarran más, como esos que salen con la bici, yo salí un par de veces y va pepsi, no se saca mucho pero no arriesgás, salís y entrás, salís y entrás, todo cortito, juego rápido y por abajo, sin levantarla, sin efecto ni nada, toque y toque, palo y al raviol, un round de medio minuto, ganás poco pero rápido y bien, sin regalar, además ese auto tenés que ponerlo a laburar de otra manera, el negro Osa dice que se lo lleves a la remisería de él, que tiene un par de choferes subnormales, unos submarinos que yo conozco del metegol, lo único que saben hacer es manejar y jugar al metegol, así por lo menos le sacás unos mangos mientras probamos lo de los patos, ¿viste?, lo único que hay que tener es cuidado con los perros, nada más, que se los mastican, pero si los tenés más o menos vigilados todo Paco, si son todos bichos, están todos en la misma, eso sin contar que el mes que viene va a venir el Loco a pedirnos guita, vos viste cómo es… lo usaron para limpiarse el orto y ahora anda de Benny Hill por los rincones, falta que le digan de ladrar para que se ponga en cuatro y se la metan, un hojalata, y es mi hermano, ya sé, pero si el tuyo se mete en la misma yo lo banco, si soy un sapo, vos sabés, mi charco es tu charco, y tu charco… bueno, vos me entendés.
***
No, Piti, el pucho en la mano no, no me quemés, si yo sabía que esto terminaba así qué iba a decirte, los patos los saqué del río, te lo juro por Tarzán, Tantor, Shane, la mona Chita, Piti, palabra, si querés te hago una pancarta, lo que sea pero los patos eran del río, si a esos bobos se les escaparon yo no tengo la culpa, yo qué iba a saber que valían esa guita, y que encima de fija eran de Temaiken y todo eso, ¿te pensás que soy Sofovich, Portal, quién te pensás que soy?, además no seas así, mirá cómo me queda la mano, si hubiera sabido pedíamos rescate, todo, si esos patos deben valer torta, y mirá si no te iba a decir, y también vos, Piti, ese rothwailler que tenés es un tigre, más vale que si no lo vigilabas los iba a hacer galleta, igual, si lo pensás bien, menos mal que se los comió, ¿sabés lo que es ir en cana por unos patos?, ahora salvo que despachurren al perro no los encuentran ni vestidos de paraguayos, en eso tenemos suerte, y vos decís lo del auto, sí, un empaste, pero con ese auto algo teníamos que hacer, yo cómo iba a saber que esos dos Ramiro lo iban a usar para pistear, si ese auto fumaba como un jamaiquino, tenía menos aros que la bella durmiente, ¿vos qué decís?, y si no tenía frenos era porque vos no se los hiciste, ¿te pensás que iba a frenar apretando pausa?, y de última que lo hayan hecho rulo viene bien para cobrar el seguro y todo eso, porque tenés seguro, ¿no?
***
En el río, acá vi los patos, te lo juro, Loco, te lo juro, hermanito, por nuestra vieja, si eran los mismos yo no sé, se habrán escapado, ¿cómo te voy a mentir a vos?, cua-cua, cua-cua, ¿querés que te haga patito?, sabés la guita que íbamos a hacer con esos bichos, no ibas a tener que pedirnos por un año, más, y ese Piti es un culata, mirá cómo me dejó, tiene menos idea que una de anchoas, si mientras me quemaba se olvidó de apagarme el pucho acá, ¿ves?, acá es donde duele, es un africano, y si ese rothwailler que tiene no fuera tan… sí, mezcla de ovejero y rothwailler, un Neurus, si por lo menos le hubiera dado de comer esos restos que quedan en la zanja del frigorífico, o una de estas tortugas de acá del río, lo que sea, mirá que hay cosas para darle de comer a un perro de esos, si a estas tortugas las agarrás como nada, son tan grandes que… che, ¿y si agarramos un par y las hacemos laburar?, sí, las cruzamos, como los patos, tiene que ser fácil, les ponés la zanahoria enfrente y ellas se cruzan solas, sí, o lechuga, qué se yo lo que come una tortuga, ¿vos cosechás tortugas?, yo tampoco, dale, Manuelita, agarrate una, mirá esa, atrás de las cubiertas esas, mirá, correla, ahí está, no, se te va, qué bola ocho, sos un pasto, Loco, consigamos una red, una bolsa, dale, Loco, la veo mirinda, sí, esto tiene que andar, buscá una bolsa que así sacamos varias, y si no rinde por lo menos hacemos guiso, dale, no sabés los guisos que nos vamos a hacer con estas tortugas.

martes

Periodismo Puro Sin Firmas

Estamos trabajando mucho mucho y bien pero no nos alcanza para llegar a fin de mes; una clara explotación que la empresa no quiere resolver. Por eso, como primer medida de fuerza no vamos a firmar nuestras notas.

Si podés linkealo en tu blog.