domingo

charla abierta con César Aira en la Capital del básquet












Regalamos la parte de la desgrabación que quedó fuera de la edición final publicada acá acá y acá.

(Gracias, una vez más a Gustavo López, fundador de Editorial VOX. La entrevista pública a César Aira estuvo a cargo de él y de Luis Sagasti)

-En los 60 te fuiste de Pringles a Buenos Aires a estudiar, y ahí continuaste la alianza con Arturo Carrera. Fundaron la revista El cielo; algunos piensan que la suya era una relación como la de Borges-Bioy…

-Entre Borges y Bioy había una relación de maestro-discípulo, de amigos-guía, había una diferencia de edad. Pero con Arturo nos llevamos a penas un año, nos conocimos desde muy chicos. Siempre repito que la primera vez que lo vi, fue la primera vez que me sacaron de mi casa después de haber nacido. A los tres o cuatro días mi mamá me llevaba a lo de mi abuela y en el camino se encuentra con la abuela de Arturito, que lo llevaba en brazos también, y le dijo, dale un beso al bebé. Y Arturito me mordió la nariz. Ese es el mito fundacional de la amistad. A los 13 años mas o menos empezamos los a escribir, y hubo una suerte de repartición de los campos. El escribía poesía y yo relatos y siempre hemos mantenido ese pacto original.
Cuando teníamos 20 años hicimos una revista, como todo joven que escribe, que tiene que hacer una revista. Se llamaba El cielo, salió en el 69 o en el 71 y quedó pendiente el numero 4. Yo sigo poniendo en la solapa de mis libros, “dirige la revista El cielo”. Pero no creo que el numero cuatro salga; la estamos pensando hace 37 años.
Ahora con Arturo nos vemos menos porque viajo mucho, paso poco tiempo en Argentina. Pero cuando un contacto se hace tan pronto y está en la base de una vocación, sigue para siempre.

-¿Los dos empezaron a estudiar Letras juntos?
-Arturo viajó para estudiar medicina, porque era una promesa que le había hecho a su abuelita. En cambio yo me fui con la excusa de estudiar abogacía, porque era la única carrera que no se podía estudiar en Bahía Blanca. Dure dos años, hasta que no daba más. Luego hice con mucho entusiasmo y muy rápido la carrera de Letras, me recibí pero nunca ejercí como profesor. Pero no me gusta contar mi vida, porque como la de muchos escritores es opaca, sin aventuras, de estar sentado leyendo, escribiendo, las aventuras pasan por el plano imaginario

-¿Cómo fue tu relación con Osvaldo Lamborhini? Es sabido que estuvo con vos y Carrera en Pringles
-Osvaldo vino a reemplazar un poco a Alejandra; a él lo conocimos poco después de la muerte de ella. Llevaba una vida un poco desaforada como ella que, también por su obra, quedaba encuadrada en lo que se esperaba de una poeta post surrealista pero rompió esos moldes tanto en su vida como en su obra. Lo importante fue el privilegio de tener esa clase de amistades. Es cierto que lo mirábamos un poco de afuera, como chicos de pueblo, de clase media, fuimos y somos pequeño burgueses, así que esa figura centelleante, rutilante de la bohemia y de la autodestrucción lo mirábamos de afuera con fascinación y también con cierto remordimiento porque estetizar dramas personales termina mal.

5 comentarios:

diego dijo...

Esa plaza la conozco. Que fea la vi la última vez!!

Sonia dijo...

Sí, sí.Es la Plaza Rivadavia, como corresponde, está enfrente de la municipalidad.

Pato dijo...

aira, budassi, aira fresco para aliviar la pesadez del calor literario solemne.

Anónimo dijo...

Sonia: estoy buescando la forma de contactar a Gustavo López o a Luis Sagasti, los organizadores de la charla; tendrías la amabilidad de pasarme un mail o alguna otra forma de contacto? Mil gracias

Sonia dijo...

anónimo: escribime al mail que figura en el blog te los paso.
Saludos