sábado

(arte, viaje y prensa)

Bajo del avión con la otra periodista invitada (nunca me siento identificada cuando me dicen periodista, es extraño, esa gente periodista nunca me cayó bien; pero en esa amorosa pretensiosa inevitable pulsión por “escribir”, uno termina tan en cualquiera que si lo pienso lo de ahora no está nada mal).


El paisaje me recuerda un poco a bahía blanca, pero creo que todo lo que no es buenos aires, lo que parece mas o menos árido y tiene natural horizonte visible me recuerda a.



Nadie nos espera todavía, y el cartel “bienvenido a Y” de tosca tipografía es un guiño anacrónico simulación de vuelta a la infancia que me agrada, en los 80 escuchaba la palabra democracia pero no entendía bien qué es.



Pronto Prensera de institución y Comunicadora de empresa, sonrientes relajados abrazos y bienvenidas –yo insisto en querer ver los folletos que pude pedir en la oficina de turismo: la misión: escaparse de las garras de las señoras para conocer el lugar un poco más hasta la hora de la Muestra.



En el auto, bajo la sonrisa, sobre la amabilidad del tono, preguntas incisivas e incómodas, examen innecesario del aeropuerto al hotel: sonrisas falsas. Y las preguntas entre la inseguridad y la desconfianza me recuerdan un poco a los machistas inseguros jefes que supe tener alguna vez.



“Y vos nena, ¿que formación tenés?”

“Pensé que X escribía arte en el suplemento nada más”

“Qué raro que no te conocía” (todas las prenseras creen que aquello por lo que hacen prensa es necesario relevante ineludible; en criollo se le dice ponerse la camiseta, pero esta señora no gusta de ninguna expresión coloquial; de todos modos, entiende si digo “divino", "impresionante" o "fatal”)



Es válido sustituir formación por pasión aunque no todos tienen mi suerte: cierta feliz coincidencia.
Como cursi esperanzador anuncio por tv.

Y mentir, a veces, es divertido, útil lugar común del inventar. Igual, no necesito hacerlo.



Y entre tanto Periodista y Prensera representan para mí códigos de viejas amigas felices en el reencuentro, con resto para negociar cuestiones importantes que parecieran conocer desde hace mucho y a la perfección pero sé que imagino cosas para evitar el aburrimiento y volver a la soledad; ahora yo a prueba encerrada entre dos desconfiadas señoras bien.



Una chica bien, ponerse aquel disfraz y ganar una Periodista Cómplice carisma amiga que anuncia a las Señoras que nos iremos ya mismo del hotel, no reuniones de compromiso, no curadores vendiendo la muestra, ni funcionarios regalalando la región; aunque sea media hora en XXX, hermoso lugar cercano, para volver a la hora puntual y cumplir, por demás, con todo lo que haya que cumplir. La verdadera parte del trabajo.


Alguien, más tarde iba a decir: “es común que gente formada en Letras o Comunicación escriba sobre arte. Los formados en arte, por lo general, no saben escribir”

Es más fácil escribir que hablar. Y si mis compañeros editores no postean voy a seguir con esta farsa.
Advierto.

11 comentarios:

Playmobil Hipotético dijo...

es verdad, es más fácil; quizás por que cuando se escribe uno puede borrar sin que el otro se entere de que borró?

los editores tamariscos dijo...

sonia, paciencia, corazón, ya postearemos, son semanas agitadas, mucha cosa emocional dando vuelta, mucho todo, vos sabés

Sonia dijo...

Editores, compañeros: lejos estoy de impacientarme, mas bien se diría que estoy aprovechandome de la situación, ñaca ñaca.

Playmobil: eso es lo más.

El crítico de arte de Perfil dijo...

El blog es del que lo trabaja.

uno de los editores dijo...

alguien habló de propiedad privada?

Preguntita dijo...

por qué las tamariscas siempre andan tan a flor de piel???

Funes dijo...

che... de qué lugar estás hablando?

Funes dijo...

ah, siga escribiendo, eh...
aprovechele
aprovechele

usté e´de Bahía B.?

Sonia B dijo...

Yo sí. Y a mucha honra.

Funes dijo...

a la mierrrr

no la tenía bahiense

ahora entiendo toooo

hermes T. lima dijo...

Lo bueno de las farsas es que nunca terminan