jueves

Viernes alegría en el Rojas


Y en cualquier momento se viene el premio Tamarisco.
(Jurados: Ernesto Sábato, Jorge Asís, Federico Andahazi).
Preparen sus obras maestras.

viernes

Ravonne nao tem fin


Acá va la reseña de Marcelo López, publicada en la revista Los Asesinos Tímidos:

Ravonne es un melancólico, vive apoyado en los recuerdos y pensando que “todo tiempo pasado fue mejor”. Pero esto, más allá de la connotación al patetismo que nos conduce, no tiene –o no debería- tener algo negativo en sí mismo. Lo malo es que Ravonne no puede ver el presente. Y, mucho menos, que está a punto de ser víctima de un complot. Eso es lo malo de vivir del pasado. La vida, de pronto, te pasa por encima y vos estabas mirando para otro lado.
“Supe recibir en otras épocas el aplauso de grandes y de chicos. Supe ser jovial, aceptado felizmente…” Ravonne sueña en forma recurrente con el pasado, con reinsertarse y volver a ese lugar de felicidad que significaba la etapa en donde la gente lo saludaba y le palmeaba la espalda con fervor. Entonces, lo mejor es planear un regreso demoledor, y ¿qué mejor modo de regresar para una estrella que a través de un escándalo que le otorgue nueva fuerza a su carrera? Ravonne lo sabe y acepta las reglas del juego. Pero, allí está trampa y él ha caído en ella.
Pero, vamos un paso más allá de la historia. Ravonne tiene la estructura de mundos paralelos, mundos que llegan a nosotros de una manera fragmentaria, con una diversidad de hechos que, en distintas latitudes –no muy lejanas unas de otras, vale aclarar-, suceden a un mismo instante determinado. Urman utiliza constantemente los saltos temporales, espaciales y las elipsis, pero sobre todo, el autor parece intentar decirnos que no hay historia completa o, mejor dicho, que la historia no es posible contarla de manera lineal. La vida misma no es unívoca, y Urman lo sabe.
En todo caso, serviría de algo el concepto de Carlo Ginzburg sobre la microhistoria: acá lo importante no es la vida de Ravonne –no lo único importante- sino que es más importante las pequeñas telarañas que se van tejiendo alrededor del ex astro televisivo y que funcionan como un mecanismo de relojería para que este caiga en aquel destino impuesto. Son los pequeños fragmentos de espejos rotos los que dan una idea general de lo que sucede en la novela, un rompecabezas que no logra ser nunca igual que antes. Su devolución es, como dije antes, fragmentaria, pero además absurda y por momentos esperpéntica. Y ese es el acierto de la opera prima de Julián Urman.
Nada, absolutamente nada, es como debería ser en la vida de Ravonne: ni su regreso a la pantalla chica, ni el presente amoroso. Cada instante lo acerca más al abismo y va destruyendo el piso sobre el que acaba de dar un nuevo paso. La fama tiene un precio que es demasiado alto de pagar para algunas personas y Ravonne ya no cuenta con el capital necesario para trocar ese presente en felicidad. Para finalizar, una imagen: el paratexto con la señal de ajuste clásica de los canales de aire a la madrugada, mientras el tiempo de espera se prolonga hasta que algo vuelva a suceder, la vuelta a la pantalla de la imagen móvil que nos da un momento de relax mental, de confianza plena con lo que vemos, porque si algo queremos es ser engañados por aquello que la televisión nos muestra y enseña. La postal de un hombre sentado, de frente a la pantalla con las manos apoyadas sobre las rodillas, eternamente esperando el destello que lo devuelva a la felicidad. Ese es Ravonne, el hombre que con paciencia espera que la imagen sea a semejanza suya, para señalarse con el dedo –y dejarse señalar por el otro, el que mira desde la pantalla- con una sonrisa amarga, pero sonrisa, al fin y al cabo.

miércoles

Simple, tamarisco y urbano


"Celia Dosio me regaló el simple (un libro con un único cuento) que le editaron en Tamarisco. Considerando que sólo se hicieron cuarenta copias, y que se agotaron rápidamente -prometen colgar el pdf por estos días-, fue un regalo muy generoso.

Ayudaba el silencio del tránsito. Se lee de un tirón, son unas cuarenta páginas veloces.

(...)

Una linda historia. Por fin alguien se anima a contar una linda historia, ni más ni menos.

Cerré el libro. Recién entonces me di cuenta de que en la calle había una embotellamiento de locos. Que el resto de los que esperaban el colectivo estaba hasta las bolas de bocinazos y alarmas de los garages." TEXTO COMPLETO DE PATRICIO ZUNINI ACÁ


Colección Los Simples de Tamarisco:
(próximamente, disponibles gratis en la web)

Oxidado-Leo Oyola
El día que Perla voló-Celia Dosio
El pelo de la Virgen-Federico Falco

martes

Nuevas Librerías para La Marca


El astillero. scalabrini ortiz 2518 (y santa fe)
El marmol. lavalle 2015 (y ayacucho)
La internacional argentina. honduras 5270
Crack up. costa rica 4767
Belleza y felicidad. acuña de figueroa 900
Prometeo. honduras 4912
Eterna cadencia. Honduras 5582.
Boutique del libro. Thames 1762.
De la mancha. Corrientes y riobamba.
Otra Lluvia. Bulnes 640.

lunes

Quince Años



Una de las cosas que nunca voy a dejar de agradecerle a mi padre es que me haya hecho jugar al rugby. Ese no había sido un buen año para mí y en los únicos momentos en que la pasaba bien era durante los partidos. La carrera que había elegido no terminaba de convencerme y Mercedes, mi mejor amiga, se había ido a Alemania dispuesta a convertirse en artista visual a cualquier precio. Decía que acá todo llegaba tarde y que para colmo el circuito era muy reducido y la asfixiaba. A mi madre, que ya estaba enferma, la veía una o dos veces por mes. Cuando le conté que había empezado a entrenar con la primera me regaló el auto y me pidió que por favor tratase de ocuparme de Sabrina, mi hermana menor. Mi madre iba a internarse en poco tiempo, y a mi padre no le importaba nada.
Justo en dos semanas era la fiesta de quince de Sabrina y se me ocurrió hacerle un regalo especial para mejorar la relación, pero no tenía idea de lo que podía llegar a interesarle. La veía como un exponente más de las que habían sido mis compañeras del colegio secundario, chicas de country que ahora ya tenían hijos y seguían viviendo de sus padres. Una tarde, cuando calculé que estaba en el colegio, pasé por el departamento donde vivían con papá y aproveché para meterme en su habitación. Lo único interesante que encontré fueron unas fotos recortadas de diarios que había debajo del vidrio de su escritorio. Fotos viejas de la reina de Inglaterra. De Máxima por las calles de Rotterdam. Fotos del funeral de Lady Di.
Unos días después llamé a Sabrina a su celular y le dije que mi regalo para sus quince años iba a ser un retrato a cargo de un pintor joven muy importante que Mercedes me había recomendado. Tenía que empezar a pensar cómo iba a peinarse, qué se iba a poner, y el lugar donde iba a colgar el cuadro una vez que estuviera terminado. No parecía muy entusiasmada, pero igual me dio las gracias. Nos quedamos callados y cortamos.
El día de la fiesta hacía mucho frío y entre los invitados encontré a un chico que jugaba en mi mismo club. Le decían el Indio, era wing en menores de diecinueve y nos habíamos besado alguna vez. Yo tenía su número. Le mandé un mensaje de texto donde puse que si tenía ganas en cinco minutos lo esperaba en el baño que había afuera, en el jardín. Debía faltar por lo menos media hora hasta que Sabrina bajase a saludar a todo el mundo. El Indio me contestó rápido. Una vez que lo vi salir esperé un rato y fui a encontrarme con él.
Fumaba un cigarrillo apoyado contra el vanitory. Me acerqué, lo agarré de la corbata y empecé a ajustársela. El inclinó la cabeza hacia atrás con una sonrisa. Tiré más. La sonrisa se desarmó y tuvo que abrir la boca para tomar aire. Después le saqué el cigarrillo de las manos, lo apagué en el suelo y nos empezamos a besar. Me desabrochó la hebilla del cinturón. Había un solo cubículo y abrimos la puerta. Arrodillada frente al inodoro, con miles de dólares en satén desparramados sobre el piso de mármol, Sabrina se metía los dedos en la boca y vomitaba.
Al terminar se dio vuelta, y sin mirarnos a los ojos ni tirar la cadena se enjuagó las manos y salió. La vimos alejarse.
Parecía que flotaba sobre el césped.
Parecía una princesa.



(texto publicado en al revista Ñ)

jueves

La Marca del Milagro fue presentada asi...

Conocí a Damián Terrasa en un partido de fútbol cinco organizado por amigos en común. Casi todos éramos escritores y todavía recuerdo a Rafael Bolomo vistiendo jeans y ojotas, o sandalias, intentando gambetear jugadores. Damián jugó poco. Como yo. Y, otra coincidencia, jugamos mal. Después supongo que las coincidencias habrán seguido porque el “parto de la novela” (como lo llama él, si no que me desmienta), al menos en su etapa final, fue algo fluido, como si La marca del milagro hubiera estado hecha especialmente para Tamarisco. Cuando lo conocí él ya vivía en España y había venido a Buenos Aires de visita y para algo más, igual que ahora. Creo que esa vez recorrió algunos lugares del país con Gloria, su chica española, y sólo mucho después, cuando leí su novela, supe que aquel viaje había sido en parte un recorrido por los lugares que recorren los personajes de La marca del milagro, su primera novela que ahora sacamos los chicos/as tamariscos/as.

Bueno, me toca hablar de la novela, que todos los que la leímos recomendamos con fervor revolucionario, o contrarrevolucionario, como quieran. La marca del milagro es muchas cosas: lupa, telescopio, bla, bla. La contratapa dice: radiografía, así son las contratapas. Y yo agrego que también es el radiólogo y su familia de vacaciones en las cataratas, el ruido sordo del agua y el ruido sordo del radio en la sangre del señor radiólogo que dice sí, querida, tomémonos un día para ir a Ciudad del Este a comprar ese plasma que vimos antes de venir mientras los chicos se divierten en el hotel. Y más, La marca del milagro tiene, como la felicidad del radiólogo y su familia, ambientaciones litoraleño-mesopotámicas y una trama desatada (motivo por el cual se ha puesto un precioso mapa-orientativo al final) en medio de una lengua desatada (cosa para la cual, se entenderá, el único mapa posible es la misma novela). La marca del Milagro a veces es una comedia de enredos y otras directamente una joda. En todo caso, un acento que titila adentro de un televisor y en las letras desaforadas de las cumbias y el death metal que compone Nicolasito-Augusto, protagonista. Por momentos, muchos, la lectura deja la sensación que deja en el paladar la inhalación del ácido muriático, o la de un caramelo fizz, en fin: un mundo de sensaciones. Y también es una novela que se vuelve melodrama objetivista en el capítulo de la aceituna (que en breve leerá Damián), y novela existencialista de esa aceituna que está a punto de ser devorada. Es un melodrama brasilero o mejor: un melodrama merco sureño, y sobre el final, y sin riesgo de adelantar el desenlace, un cuento de selva y alimañas, y por sobre todo: una ducha fresca, un niño (hombre) que volvió de la muerte y canta sus canciones milagrosas, (¿un desaparecido que canta?), una para ver en familia, o para ver el domigo, panza arriba, puteando al referí, o para ver directamente desde la tribuna. Y, si se quiere, la tribuna misma y el mismísimo espectador dominguero.

Para terminar, más literatura. Yo hace mucho leí La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sanchez, que al final trae un apéndice con la letra de La guaracha del Macho Camacho, titulada “La vida es una cosa fenomenal”. A nosotros, para La marca del milagro, nos hubiera faltado poner, además del precioso mapa-orientativo de personajes, el cancionero de la novela, o incluir un CD. Lo del cancionero hubiera sido más viable (la producción de una novela ya es algo complicado para una editorial como la nuestra, no me quiero imaginar lo que sería la de un CD). Igual, habría que ver qué opinaba Damián, que hubiera tenido que ponerse a completar los temas que salpican la novela, etc. Ojo, eh, todavía hay tiempo, capaz que con la segunda o tercera edición nos convertimos en discográfica independiente y salimos con hits como “Violencia familiar”: “nara niana niara, nara niana niá, nara niana niara, nara niania niá, vio-len-cia, tu tu tute tuzzú, in-jus-ti-cia, tu tu tute tuzzú, ooooooh-diofa-miliar, vio-len-cia, tu tu tute tuzzú” o la hermosa canción que dice: “Estabas, estabas en el baile y me mirabas a mí. Bailabas, bailabas con el yuta y pensabas en mí. Porque te conozco… muñequita mía… porque te conozco desde que te vi. Porque te conozco… yo sé lo que piensas… tus ojos no mienten muñequita sí…” Y se puede seguir, hasta pueden hacer el cancionero ustedes mismos cuando lean la novela, que no sólo es una novela sino que es, como la vida en “La guaracha del Macho Camacho”, una cosa fenomenal.

martes

¡no te olvidamos, Ravonne, el mundo te reseña!

RAVONNE
Autor: Julián Urman
Novela
208 páginas.
Editorial Tamarisco
Buenos Aires, 2007

A menudo la discusión entre ficción y realidad se instala en la televisión, un medio de comunicación que brinda distintos ámbitos para el debate según el target del consumidor. Si este dispone de cable tal vez el control remoto lo ubique en algún programa de tinte cultural, cuyos protagonistas discuten alrededor de una mesa y acompañados de un potus artificial. Pero cuando las posibilidades se reducen a las emisoras de aire se enfrenta a una utopía. Ravonne, la novela de Julián Urman que publicó editorial Tamarisco, no analiza a los medios sino que imagina la vida de los protagonistas de la caja boba con sus miserias y una cuota de divismo tan necesario en el mundo del espectáculo. El autor indaga cuál sería el límite de las estrellas para mantener un lugar entre los famosos, aun a costa de convertir sus vidas en el argumento de una telenovela. Así tendrían el rating para mantenerse en el firmamento televisivo y, de paso, alimentarían el morbo del público. Negocio redondo y nuevo contrato con varios ceros. Roberto Ravonne es un ídolo caído en desgracia que sería un bocatto di cardinale para la carroña chimentera y segura tapa de Pronto y Papparazzi. Urman describe cómo sus personajes se comen unos a otros en una suerte de antropofagia farandulera, no exenta de toques de humor e ironía, con ganadores y perdedores porque así en la selva como en la tele, el monito nunca se come al león.

Por Marcelo Massarino
Publicada en el último número de Revista Sudestada

lunes

Otro programa de martes

Este martes 13 de noviembre se presenta el número 10 de la revista Los Asesinos Tímidos. También se festejan los dos años de la revista.
Los lectores invitados son: Galileo Bodoc, Sonia Budassi y Esther Cross.
Cucuza & Cía. van a amenizar la presentación con música en vivo.
Además, vamos a sortear revistas y libros, muchos libros, que abajo ennumeramos.
Los esperamos en Bartolomeo, (Bartolomé Mitre 1525) a las 21 horas. La entrada es libre y gratuita.

buen programa de lunes

jueves

Lo que viene, lo que viene (el regreso del jedi)

Mientras terminamos con la caravana de la distribución de La Marca del Milagro, un destello láser asoma desde el horizonte...

Objetos Maravillosos. En breve.

martes

Avisos Parroquiales - 3 joyas recientes

Esta noche, conviven dos eventos. Creo que se puede ir ambos, primero a Alejandría y después al Pacha.



Me gustaron mucho los textos de Ana y de Diego.




En el Pacha, Terra, Linne y Pavón.


Y para no perder la costumbre, la nueva joya de la NANANA (el domingo, con Terra, acordamos el primer volumen de la serie didáctica de Tamarisco, una hippeada de cultura).





lunes

versiones de un viernes 2


Hemos presentado a gente linda y obras idem:

La marca del milagro
, grosa novela de Damián Terrasa

Los Simples de Tamarisco
(bellos relatos en edición limitada)

Celia Dosio, con El día que Perla Voló
Leo Oyola, con Oxidado
Federico Falco, con El pelo de la Virgen.

Todo, todo eso, el autor viajado de Madrid, el otro de la república de Córdoba y el resto de los mortales, dieron lugar a relatos varios y viva música a cargo de los talentosos mega buena onda Pandolfelli y el Rusi, dúo adquisición tamarisca.


* El tigre cree

"Hermanos: la paz esté con vosotros.
Estamos aquí reunidos, en esta humilde morada del Señor conocida como La Ratonera, para celebrar un acto de fe.
Cuatro forajidos.
Cuatro.
Utilizando sus mejores armas para pelear por algo en lo que creen.
Cuatro forajidos.
Cuatro.
Que adoptaron la identidad de una criatura de Dios.
El alma de ese arbusto. El Tamarisco. Y de él, su simpleza, y la parte más jodida de cumplir, la resistencia.
La resistencia. El aguante.
Y la fe. Creer.
Anchos bravos si los hay.
Bueno: estos cuatro forajidos.
Cuatro.
Definitivamente creen.
Se tienen fe.
Por algo en primera instancia…
Estos cuatro forajidos.
Cuatro.
Son escritores.
Como los otros cuatro forajidos.
A los que han editado" (...). (Sigue acá. Texto actuado/leído por Oyola)


*Linne croniquea, elogia a Terrasa, a Oyola, a Dosio y Falco y saca alguna que otra conclusión importante

"...muy perspicaz en su borrachera, me señaló que tenía manchada con vino toda la remera (no lo había notado pero no fue el comentario más alentador de la noche: ahora que lo pienso, quizás me manché inconcientemente en la ratonera, para tener pruebas fehacientes de que los tamariscos pusieron vino de onda"

*Morfes escribe la fiesta cínica


"El viernes: fiesta. El entrañable Terrasa con el Yuyo telonearon a una banda que se colgaba del hype-regreso-de-soda-stereo. Celia reinventó los 90. Falco en medio de dardos venenosos dijo algo que yo venía escuchando hace un par de años.

Mucha plegaria.

Mucho vino.

Oyola con ropa de clérigo pronunció un salmo sobre los 7 magníficos. Peleas como siempre. Mucho resentimiento. En eso tomamos de más. Hicimos cosas que no se perdonan; como siempre pero esta vez todos en el mismo lado. Algunos se salvaron de la rosca. Nos divertimos. Peleamos. Faltó que Henry Simms dijera unas palabras. Bendícenos década sin rock."

(La F de Fiesta, acá)


*Terrasa manda mail, incluye una foto que, es una pena, no lo muestra a él mismo

"Tuve el infinito placer de leer los simples en el avión, uno detrás de otro en algún lugar sobre el océano: cada uno con un estilo y un narrador completamente diferente, cada uno más hermoso que el otro. LOS FELICITO. Son realmente tres buenísimos relatos que disfruté muchísimo y que están escritos de-pu-ta-ma-dre. Ah, y que serán prestados y difundidos por aquí, claro está. FELICITACIONES también a los editores por haber elegido tan bien y por haberlos dejado como verdaderas obras de arte del trabajo manual..."

(mientras los Simples se agotan, en una semana, la Marca del Milagro en librerías/gracias a todos por venir, acompañar, ayudar, hacer con nosotros la buena acción del día -eso deberia decirlo Oyola disfrazado de cura.
Gracias De veras.)




domingo

Nobleza obliga

Post presentación y borrachera, algo fundamental se nos quedó en el tintero (por esto no hay que tomar(tanto)): nada hubiera sido posible sin la ayuda de nuestro querido sebastián morfes, testigo de la labor tamarisco desde antes de que tamarisco existiera (cuántas reuniones delirantes soportaste?)que desde el vamos tiró consejos, elogios y objeciones y cuyas horas de vigilia dedicada permitieron allá en su Bahía natal, acomodar los errores iniciales de diseño que nuestras torpes manitos no superon manejar en su momento. Gracias a él, los simples fueron posibles. Literalmente. Desde acá, nuestro genuino agradecimiento Sebas, de verdad (tarde, pero seguro)

viernes

jueves

Lo que quedó de los Mudos / Lo que viene


Velada de gala en el Conventillo. Con entuertos faranduleros por doquier, las luminarias de la NNA (sic) se dieron cita en una noche que dejó mucha tela para cortar. Funes, el anfitrión, agasajó a sus invitados con bolsas llenas de un polvo blanco de procedencia incierta. El departamento de prensa de Tamarisco rescató algunas perlas dignas de la primer página de ADN o de la vidriera de la revista Caras:

“Los felicito, les quedaron muy bien. ¿Qué son, tarjetas?”
(el tipo del bar donde se manufacturaron los simples)

“Los simples de Tamarisco son una gran idea. Tienen lo mejor de las antologías, y dejan de lado lo peor”
(Federico Levín)

“No lo puedo creer, Levín nos está elogiando”
(Sonia)

“A un pibito de dieciséis años yo quiero hacerlo volar”
(Richard Romero)

“¿Querés leer algo en mi cumpleaños?“
(Linne, a cualquiera que le convidaba cerveza)

“Esto es un desastre. Invité a todo el mundo a leer. No da”
(Linne, media hora más tarde)
"- Me compre In Fraganti"
(Marina Kogan)

“- Martina me cortó el pelo (Ariel Dedalus)
- …
- te hace más joven (h tamarisco)”

“En Madrid no hay lugares como este”
(Terrasa)

“Hasta hoy, lo único que había ganado en los sorteos de Funes fue una revista de circulación gratuita”
(h tamarisco)

“Pandolfelli está arreglado”
(todo el mundo, tras verlo ganar su vigésimo cuarto sorteo)

“¿Cómo es la Ratonera?
Está bueno, es grande. Vi las fotos por internet”
(Diálogo entre Leo Oyola y una joven editora)

“- Mirá, ese es Martín Brauer
- Hay que publicarle el blog”
(diálogo entre dos jóvenes editores)

“Terrasa lee muy bien. Parece alemán”
(Levín)

“- Molina, que tenés en la cabeza. Estás re ochentoso
- Estaba abierta la ventana del bondi”
(Romero y Molina, a su llegada)
(Gracias Leo Oyola por el flyer)