viernes

Aviso

La banda cordobesa y el amigo Funes, entre otros, leerán este sábado en La casa de la poesía (honduras 3784) desde las 18,30hs.
Como el sr. Oliveira se colgó, no tenemos imagen que acompañe nuestro anuncio. De todas formas, nuestra más ferviente recomendación.
Sabrán disculpar.

miércoles

La intimidad de los muertos

Cuando el non fiction estaba de moda y Capote parecía el más audaz de los escritores del género, J.P. Donleavy publicó Cuento de hadas en Nueva York y se ubicó a contrapelo de esa estética imperante. Un amigo me regaló el libro hace unos años con dos advertencias. "No intentes copiarlo. No te va a salir", era una. La otra, de menor importancia, tenía que ver con cierta "perversión" que él atribuía al personaje. El comienzo del libro es tristísimo. Cornelius Christian llega desde Irlanda a Nueva York. En el viaje en barco su mujer muere súbitamente. En tierra desconocida, no sólo tiene que buscar alojamiento y trabajo, sino brindar digno entierro a su mujer. Consigue una inmunda pensión donde quedarse. Y, por un canje, empieza a trabajar en la casa de sepelios que veló a su mujer. A partir de aquí, los tópicos de Donleavy (presentes en la calificada de pornográfica The Ginger Man, o en The Saddest Summer of Samuel S) se reiteran –la pérdida de un ser querido, el humor negro, el erotismo– y ponen en juego, por lo bajo, el eterno dilema entre estilo personal y autoplagio.
Apenas empecé el libro, entendí lo que mi amigo quería decir. Algo así como "no lo intente en su casa, estamos usando material peligroso". Donleavy cambia –incluso en la misma oración– de tercera persona a primera, corta su prosa en versos y arma, con una sintaxis liberada –sin por eso apostar al sinsentido–, la oscura densidad que tiene la trama, enrarece el mundo neoyorquino y quiebra la calma del lector, al que compromete cada vez más con el personaje hasta hacerle sentir la ambigua intimidad del mundo de los muertos. Donleavy, hoy con ochenta años, vive en un inmenso castillo irlandés, luego de haber escrito más de una docena de novelas y obras de teatro. Mientras tanto, en la Argentina sigue siendo un autor casi secreto; y sus recursos, más lavados, llaman la atención de los maestros de escuela cuando los encuentran en autores argentinos posteriores.
(Publicado el 10 de septiembre en el Suplemento de Cultura de diario Perfil)

martes

Qué Éxito. Escriben más de nosotros...

Exito acaba de sacar su nuevo número. Aquí, Inés Acevedo reseña Editorial Tamarisco.

"En el mapa literario están juntos y en el geográfico separados. Uno en Buenos Aires y el otro en Tandil. Son dos grupos de amigos que editaron y publicaron sus textos, y sus proyectos son atípicos: Editorial Tamarisco es una editorial independiente de narrativa, y Preferiría no hacerlo una revista de poesía. Pero el problema de publicar les quita el sueño a los dos." continuar.

Y acá, Natalí Schejtman reseña las playas de Llegar a otro miércoles, el cuento de Hernán Vanoli, de la antología Hojas de Tamarisco.

"El clima está enrarecido. Todo acá es impuro: se recibe el diario, se baja en ascensores y las playas esponsoreadas son un dato más, nada para recalcar (volviendo por última vez a Pauls, por momentos su escritura recuerda a los poemas en los que Girondo se extrañaba frente a los avances de la ciudad moderna, a los kioscos que se tragaban a la gente, a los tranvías que atropellaban la sombra de una señora). Es decir, el espacio balneario llama, primero que nada, a la confusión, a la ambigüedad: el mar es gris, como el asfalto..." continuar...

viernes

Musicos amigos

MI TORTUGA MONTREUX
TERCER DISCO!
Presentación Oficial
Domingo 17 de septiembre
1630 hs brindis

17 hs conciertoBanda invitada: ROSAL
ND AteneoParaguay 918 (capital)
Entradas desde $10

lunes

se dice de Hojas de Tamarisco/ by revista sudestada

La revista de Cultura Sudestada acaba de publicar, en su número de septiembre, una reseña de Hojas de tamarisco firmada por Anabella Castro Avelleyra.

Puede leerse aquí abajo, en este link o en papel, si es que desean ver el contenido completo de esta revista independiente que acaba de cumplir sus primeros 5 años en la calle.


Autor: Autores varios
"Hojas de Tamarisco", editorial Tamarisco, 2006.


Tamarisco es una nueva editorial que toma su nombre de un arbusto de ramas delgadas y corteza resistente. No hay en la solapa ni en la contratapa del libro referencia al aspecto de las hojas del arbusto en cuestión, pero guiándose por Hojas de Tamarisco uno debe pensar que se trata de un follaje incipiente y variado: pequeños brotes que prometen convertirse en un inmenso verdor.
Hojas de Tamarisco está compuesto por cuatro relatos breves que, a pesar de tener una temática y un estilo distintivo y personal, funcionan como un todo coherente y armonioso. “Llegar a otro miércoles”, de Hernán Vanoli, muestra a una particular pareja en una ciudad balnearia en la que tienen lugar unos extraños rituales de canibalismo. En “Otras fotos de mamá”, de Félix Bruzzone, el protagonista sigue las pistas que le permitan revelar algo más acerca de su madre, desparecida durante la última dictadura militar. Sonia Budassi aporta el relato más audaz, “Acto de fe”, sobre una argentina en Estados Unidos, un grupo multicultural y un evento inesperado que hace que sus devaneos mentales sean cada vez más cáusticos y desopilantes. El libro cierra con una historia de velada violencia familiar, de calladas angustias e histéricos gritos, de miedos que sólo pueden ser enfrentados con la protección que brindan los “Tréboles” que dan nombre al relato de Violeta Gorodischer.
La editorial Tamarisco se presenta a sí misma como un espacio de “apuesta y búsqueda”. Con este libro, parecen estar buscando en los lugares correctos y los beneficiarios de su apuesta no son sólo los escritores publicados sino también los lectores agradecidos.

viernes

"Toronto no" y una reseña de primavera

Mavrakis y Valdés, en un acto de apertura de género, le ceden el espacio a la Bullrich que, apasionada, contestataria, reseña Toronto no.
"Mientras el Gordo Gostanián y el Pato Galmarini dirimen en un próximo duelo a pistolas (al amanecer) cuál de los dos será el "autor consagrado y canónico de una generación", Mavrakis y Valdés opta por apuntar sus cobres – al menos hasta que se oiga el cierre final de alguna de esas bolsas negras para cadáveres – hacia una crítica debutante, la Piba Bullrich. En tal caso, se le asignó como primera tarea leer Toronto no, obra particularmente compleja de Leonel Livchits"(¡continúe la lectura pinchando aquí!)

martes

"No estoy en esa maratón del sudor letrado" Entrevista a Lemebel

Hace un par de domingos, una porción de esta entrevista con Pedro Lemebel salió publicada en Cultura de Perfil. Autor de crónicas impresionantes -pocas de ellas fueron editadas en Argentina- y de una novela correcta, Tengo miedo torero, copia asumida de Puig y agotada hace rato. Violeta Gorodischer me prestó un par de libros que me faltaban; a esta altura, su obra circula más que nada en fotocopias. Hubo dos amagues -de Interzona y de Mondadori- para editar auí sus últimos libros, pero, no se sabe bien por qué, los intentos no terminaron bien.



Durante la dictadura de Pinochet Pedro Lemebel formó el colectivo de arte Las yeguas del apocalipsis. Todavía no incursionaba en la literatura pero dejaba en claro que su lugar era el de la incómoda provocación. Aunque los casilleros de la corrección social suelen ubicarlo en el lugar del freak, su obra (libros como Loco afán, Bésame otra vez forastero, Tengo miedo torero) es concebida desde un margen poco recorrido que increpa por igual, con tono rabioso, las crueles contradicciones de capitalismo y dictadura. El problema de género, campo de batalla política, se plantea entre dinámicos cruces culturales. Sus travestis no son glamorosas y pacatas estrellas de TV sino locas pobres, enfermas, atrapadas entre importados modelos de identidad y una realidad tercermundista. Los recorridos geográficos y sociales de sus libros ponen en conflicto la noción de centro y periferia, exceden la etiqueta fácil y lo colocan a él mismo en un campo de límites difusos; casi tensos. Sus crónicas de la marginalidad son potentes piezas literarias y agudos testimonios periodísticos que le dieron repercusión a su militancia y lo colocaron, al mismo tiempo, en la cima de los rankings de best sellers chilenos y en los programas de estudios de las Universidades latinoamericanas.
-
¿Qué sucede cuando un gesto transgresor como las performances de Las yeguas del apocalipsis se normaliza? ¿pierde efectividad?
-Hay algo de eso. Al llegar la democracia los mismos que nos aplaudían después nos vetaban del espacio cultural. Dejamos de ser las hermosas atrevidas y pasamos a ser dos bestias molestosas. Nunca lograron normalizarnos, neutralizarnos, incluso en la universidad de N.Y. declaramos que viejas y desdentadas igual mordíamos esa mano gringa que nos daba de comer. Nunca nos separamos realmente, la leyenda nos divorció sin despedidas. Los conceptuales de ese tiempo nunca nos invitaron a Buenos Aires. No cabíamos en su estética mezquina.
-¿Por qué fuiste ampliando las formas de intervención desde la performance a la literatura?
-Fue una sucesión continua, del tablao de la acción plástica a la radio y de ahí a las letras. Pero de alguna manera siempre fue la escritura. Las performances eran letras descalzas; analfabetos inflamados en estrellas de fuego, nombres falsos de bagatela luminosa, largas listas de nombres desaparecidos voceados en algún subterráneo de tortura, nuestra pioja biografía escrita a mano con faltas de orto-grafía. Hablamos por nuestro sexo y nuestro social popular.
-Hace un tiempo dijiste que la "crónica marucha" no compite con los géneros sacralizados....Sin embargo tus libros en Chile han llegado a ser best sellers. ¿A qué lo atribuís?
-Cuando dije crónica marucha no tenía claro de que hablaba. Sonaba bonito en el madrugar alcohólico. Y estos floreteos del lenguaje también me evitan dar explicaciones. Pero en rigor es cierto, la crónica me quedó como anillo anal y nupcial. También me puso más allá de los géneros en los cuales se baten a duelo los escritores de pluma clásica. Con respecto al best seller, los libros corren pirateados, alterados por la tinta clandestina. Aunque pierdo plata no me molesta.
-¿Por qué?
-Hace poco, caminando en la calle, me encuentro con una mujer que vendía mis libros pirateados en la vereda. "Yo soy el autor de estos libros", le dije con hidalga soberbia. "¿Usted es Lemebel?", me contestó asustada. "Sabe que no se vende nada…nada". Pensó que le iba a cobrar. "Es que lo queremos tanto, Pedrito". "No me quieran tanto, porque voy a terminar vendiendo al lado suyo", le dije entre risas. Me debo a esa calle, a esa mujer que panfletea mis letras bastardas.
-¿Tu configuración de artista marginal cambia al ser difundido por instituciones culturales clásicas y tener el lugar de "autoridad" que implica que te convoquen para una conferencia?
-En el margen eres fácil de fichar, estas ahí, más bien te colocan allí y te inmovilizan con esa piedad cristiana del pobrecito marica cronista. Me interesa más el clandestinaje, cruzar fronteras, sin que se sepa por dónde. "Cuando llega ya se ha ido", como dice Manu Chao. En esta conferencia (en el marco del Segundo Encuentro de Pensamiento Urbano) tampoco aspiro ser una voz letrada, autorizada... Igual, la máxima humildad se parece a la soberbia.
-¿El mercado banaliza los gestos políticos?
-La fiebre mercantil a veces produce otros comercios paralelos, incita la piratería, la copia no autorizada, el plagio, la reventa. Y quien nunca entro en una librería me encuentra a módico precio tirado en la vereda. Por eso la querida plebe me ubica más como personaje, en Planeta argentina no me quieren reeditar porque me encuentran muy local, como loca con "ele", te fijas.
-¿Por qué crees que la Academia le dio un lugar tan importante a tu obra, casi de inmediato?
-En las universidades me estudian con especulo académico, pero que le voy a hacer, a veces cae un algun estudiante admirador y nos trenzamos en una entrevista parecida a esta. Al final, le digo lujuriosa; apaga la grabadora y acercate mas.
-¿Qué lugar creés que ocupa tu obra en el campo literario latinoamericano?
-Me conocen más como personaje crónico, parece que no soy un producto exportable del Chile triunfal. Conozco a Bellatín en una situación ilegal, a Carlos Monsivais, al querido Echavarren, a Piglia por Beba en una cama de hotel, a la Moreno en noche de copas, a Diamela Eltit, al resto solo en revistas del faranduleo letrado.
-¿Ves la huella de tu obra en autores de las generaciones que te siguen? En Argentina, por ejemplo, Washington Cucurto te menciona como uno de sus referentes.
-Es bueno tener seguidores, siempre en mis presentaciones exijo un foco seguidor, te recorta de la sombra. Esa luz fluorencente te borra las ojeras. Cuando lei a Perlongher me trastorno, lo copie con dulce amargura, por eso es bueno tener ecos en otras mariquillas aspirantes a misses, después te sale tu propia ronquera de arrabal. A Cucu, claro que lo conosco, me ha publicado y valoro su proyecto cartonero que ahora lo hacen en Peru y Bolivia.
-En las últimas décadas, ¿viste algún cambio en el tratamiento de las clases marginales desde el poder o desde los discursos mediáticos? ¿Qué ocurre en específico con las travestis?
-En Chile ahora los pobres se hartan de electrodomesticos y se visten glamorosos en la ropa usada norteamericana. No parecemos pobres. Pero en los ojos nos sigue brillando la misma miseria, el mismo brillo triste que refulge obsceno con un mediatico resplandor.
-¿Cuál es tu lectura de que una mujer haya ganado las elecciones en Chile?
La presidenta establece un ansiado precedente, pero antes que ella Gladys Marin tambien se postulo a la presidencia con menos suerte. En su glorioso funeral, a lo Evita, vi llegar a Michell Bachelet algo marcial y con riguroso recato. Es la unica vez que la he visto de cerca. Pienso que le va a resultar difícil, la estan bombardeando con peticiones que a un hombre no se las habrian hecho con tanta violencia.
-¿Qué estás escribiendo ahora?
-Intento nuevamente la novela, mas bien la nouvelle como dicen los siuticos. Un libro corto de ciento cincuenta paginas, con cueva. Puede llamarse Malhecha no tiene amigas. Aunque aun esta fresca Adios Mariquita linda, que alla no conocen. Tampoco soy una coneja que saca un libro cada año. No estoy en esa maratón del sudor letrado.

*********

rom: Pedro Lemebel
To:
sbudassi@perfil.com.ar)Sent: Tue, 22 Aug 2006 15:22:37 -0300Subject: RE: Martes
Querida dime si te llegaron las respuestas porfa mira que estoy super preocupado. En la pregunta final donde dice el nombre de l libro que estoy haciendo debe decir MALECHA , sin hache. Ojala te guste y ponele una foto linda. Ve tu las faltas ortograficas. Si tienes alguna duda o pregunta dimela hoy o calla para siempre

viernes

Otras fotos (bonus track)

Pasan los días, no sé cuántos, no tener trabajo es malo para calcular el paso del tiempo, y como no hay comida y nadie quiere comprar vuelvo al supermercado de los chinos. El chino gordo, en la puerta, está a punto de cerrar. Rápido, rápido, dice. En su mano, el anillo que usaba aquel sábado en que terminamos borrachos. Lo saludo con algún gesto cómplice pero él no me reconoce o se hace el que no me reconoce. Imagino la pelea: el chino llega a su casa, su mujer lo insulta, le muestra el estado en el que, durante el temporal, han tenido que dormir los cinco o más hijos que tienen juntos, lo amenaza con dejarlo, él la golpea hasta hacerla callar; pero después él se arrepiente de los golpes, le compra un ramo de flores, ella sonríe.


En la góndola elijo fideos baratos, y como los imagino harinosos, sin sabor, agarro también un sobre de queso rallado. Mientras el chino pasa los productos por la lectora de códigos de barras vuelvo a intentar que me recuerde: ademán de botella a la boca, golpes contra la pared. Y justo cuando estoy seguro de que va a darme la mano o algo así dice tres pesos, cambio, cambio, tres pesos, rápido.

En casa, la lamparita que cuelga del techo de la cocina se enciende y se apaga dos o tres veces hasta que explota. Sólo la luz de la hornalla y el humo de los fideos. No importa. ¿Por qué el chino no quiso reconocerme?, ¿estuve antes con él? Sí, cómo pensar que no. Seguro que la familia y el negocio, para él, son mucho más importantes que el recuerdo de alguien como yo. Después, pruebo los fideos y ya están listos. Plato, vaso con agua de la canilla, queso rallado, bandeja, mesa. Cuando esparzo el queso sobre los fideos, el aroma, intenso, me invita a atacar el plato como si fuera un… El hambre hace deliciosa cualquier comida. ¿O será el queso? Reviso el sobre: la marca, los ingredientes, conservantes permitidos, qué más. Sí, también reviso la fecha de vencimiento. Pero no hay nada escrito ni troquelado en el papel. Sólo unas marcas que terminan donde hice el corte para abrirlo. Busco la parte cortada, la junto con la otra, el queso está vencido. No importa, el sabor está bien.

Foto: M.C.

miércoles

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sábado

¿la tercera es la vencida? Una reseña de Hojas de Tamarisco

Sí. Mavrakis y Valdés (y cía) se meten con los cuentos Hojas de Tamarisco, sin eludir el debate –la clara discordancia- con Diego Grillo Truba.
La totalidad de la reseña aquí; pero nos tomamos el atrevimiento de sacar de contexto, a modo de invitación a continuar las lecturas, algunas apreciaciones del joven reseñador.


LLEGAR A OTRO MIÉRCOLES DE HERNAN VANOLI
"H. Vanoli ha trabajado un lenguaje con corte exclusivo y confección propia. Constreñidos, sus significantes obedecen a su pura voluntad. Y esta elaborada voluntad narrativa es la que vivifica la trama de su cuento: entre la pesadilla, la carnicería, el desorden y la variedad de escenas y personajes, cualquier cosa puede pasar.Post-sociedadPor otro lado, la trama está dotada de una poderosa concisión: el futuro es pesadilla. Y en la desarticulación que de lo real ejecuta esta pesadilla – desarticulación propia de lo onírico, si se quiere, por no decir "desarticulación del futuro leída desde el estado actual del presente" – perdura – entre otras cosas - una especie de post-sociedad de control. Ciertos hombres son regidos por la voluntad coercitiva de otros hombres con poder"

OTRAS FOTOS DE MAMA, DE FELIX BRUZZONE
"Otras fotos de mamá", de F. Bruzzone, perfila en cambio una violencia insertada en la sociedad y la política del pasado, con poderosos ecos en el presente – ecos que no son ni sentimentales ni culposos ni sujetados a un derrotismo lacrimógeno absolutamente lejano e impropio: el tango de los huesos del pasado es materia de propaganda oficialista, ya no más motivo trillado para escribir.Trátase de un delicado trabajo de genealogía familiar y política – el del cuento – que se cuida alegremente de no caer en la mera exhumación del fracaso ajeno. Para centrarse en el fracaso presente de una primera persona que – el detalle no es menor - respira."

ACTO DE FE, DE SONIA BUDASSI
En el cuento, la inserción astuta de esta voz – y le diría más: la inserción geopolítica de esta voz – lo embebe todo en esa rica veta que es la literatura argentina y política. Si el presente se ciñe a estos dos parámetros fundacionales, como tiempo y como forma, es el cuento mismo el que no se sustrae del contexto político y social del presente. Una aserción provocativa sería que el primer "acto de fe" de S. Budassi es sostener que literatura y política aún pueden marchar de la mano. Y la formularía en tales términos, Mavrakis, si la pudiera defender. Pero S. Budassi me gana. La provocación, de formularla, rebotaría groseramente contra el cuento. Porque "Acto de fe" centra esta voz fémina en una primera persona fructífera en varios aspectos.
(...)Las citas y los comentarios ilustran la habilidad para la construcción de un mosaico. Casi diría, Mavrakis, un enérgico caleidoscopio. En ese terreno gana "Acto de fe": una prosa que trama su propio circuito.

TREBOLES DE VIOLETA GORODISCHER
"Tréboles" prevalece en cuanto se conserva en mente la omnipresencia de un imaginario visual. Es, ante todo, una prosa que demanda una mirada antes que una mera lectura. Allí es donde la escritura construyó – y sin contenerse – su virtud.Y no se trata – solamente - de las escenas en que hay ventanas que se abren, miradas de ojos azules en cabezas rapadas, riquísimos devaneos descriptivos que son como los golpes calculados de un cincel. Se trata también del montaje de cada fragmento.
(...)
El mérito de "Tréboles" es que no recae en un llano documentalismo de la desgracia ajena a la Gastón Pauls. Lo logrado es la manera en que este imaginario visual sitúa al lector casi casi como quien se asomara por una ventana para mirarlo todo y, por si fuera poco, comprenderlo.¿Y por qué sostener que no se cae en el cliché burgués y bienpensante del documentalismo lacrimógeno a la Gastón Pauls? Porque, al final del cuento, los tréboles son trocados por piedras. Como si el destino – o la suerte, o la vida y todo lo demás – fuera un modo de acción, no de padecimiento, y ésta acción un tipo inevitable de violencia."
DE HOJAS DE TAMARISCO
"Como comentario sumario: Hojas de tamarisco opera bajo una única consigna tácita: cada cuento tiene algo que decir. Por eso ninguno se desluce. Sin embargo, cada cual maneja su propia quintita. Y no por aledañas las quintitas tienen que ser comparables entre sí."

viernes

Lo que tiene el 3

Una versión de este texto fue leída en Alejandría

La vida de una deportista de elite es un rosario de ingratitudes. Una empieza así, de inocente nomás, de chiquita lo único que te importa es salir campeona y el premio de conocer el mar con el resto de tus compañeras de equipo, hermosas nenas mancas acompañadas por padres que nunca se cansaron de llevarnos a los castings en los clubes o en la tele, siempre preocupados por los contratos de sus nenas malcriadas que se quejaban de tener que usar pajita para tomar la sopa mientras los demás comían chocolates o hamburguesas o cosas peores.
Y al final ganás el campeonato y viajás a Villa Gesell y al volver tratás de convencerte de que la pasaste bárbaro, por más que sin brazos nadar es bastante difícil, que en los boliches sólo había gendarmes retirados y que durante el día los entrenamientos eran peores que en una pretemporada común (subir médanos y ensayar jugadas porque en primera división las cosas no iban a ser fáciles para nadie). Pero qué importa lo que pensábamos si igual todas dijimos que el viaje nos había encantado, y mientras tanto mamá firmaba los papeles del pase definitivo sin tiempo para mirar nuestras fotos en la orilla, protector solar en narices pecosas y todavía ilusionadas con una vida de más viajes por el mundo y tapas de suplementos deportivos y hoteles con hidromasaje y un escote perfecto cubierto de medallas de oro.

Casi siete años después de mi debut en primera, en una tarde de lluvia, nos dejaron afuera de la Copa del Rey. Perdimos seis a cero y el final fue lamentable: cinco terminamos sin corpiño (de las contrarias sólo dos), y nos expulsaron a la arquera cuando faltaban casi quince minutos. Los periodistas iban a empezar a decir que ya no corremos y que para colmo andamos con las piernas llenas de estrías, las mentiras de siempre para sacarse de encima a los equipos de jugadoras más experimentadas y contratar pendejas que te matan en el pique corto pero ni siquiera son capaces de meter un buen pase en profundidad: el show debe continuar, que las hienas jóvenes se encarguen de la carroña. No saben, ni idea tienen de lo que es llegar al vestuario con las tetas al aire, las rodillas llenas de barro y el pelo hecho un desastre, grupos de hinchas que joden y sacan fotos desde la platea y no te queda otra que bañarte rápido y en media hora volver a estar divina para ellos, que no se cansan de gritar mientras descuelgan las banderas y rezan para salir sorteados (aunque sea una vez, aunque sea con una suplente), porque ganes o pierdas atenderlos hay que atenderlos igual, ellos pagan sus impuestos y tienen derecho a relajarse un poco después de haber sufrido como locos durante los noventa minutos.
Ya se, todo el mundo va a decir que somos privilegiadas: vivimos en las instalaciones del club, tenemos calefacción, servidumbre y películas gratis. No ingerimos alimentos transgénicos, y las empresas pagan para que usemos sus nuevas líneas de cosméticos. En lugar de cargar bolsas en el puerto, entrenamos. Nos jubilamos jóvenes y nos regalan un departamento en la costa (por más que en la costa sólo hay gendarmes retirados). Pero les juro que no es tan así: la publicidad puede transformar en princesa a una laburante cualquiera. A veces me pregunto si mis viejos me habrán dicho toda la verdad.

A pesar de la lluvia, en el vestuario hacía mucho calor. Nos duchamos, y mientras nos maquillaban se oían gritos y cantos desde los pasillos que desagotan la popular. Varias de las chicas estaban con la moral en el segundo subsuelo, ni siquiera ganas de mirarse al espejo tenían. El sorteo se había hecho en el entretiempo, y para levantarnos el ánimo Marcia dijo que por suerte la mayoría de los números de identificación que habían salido eran de chicos jóvenes. Hice fuerza para sonreir y traté de pensar que salvo la goleada estaba todo bien, pero estaba claro que esta había sido la última Copa para muchas de nosotras.
Los eunucos me ayudaban a acomodarme el baby doll cuando Karina dijo: “hoy es un buen día para que se aparezca el 3”. Nadie hizo ningún comentario: la leyenda de que él había ayudado a las seis últimas fugitivas empezó como expresión de deseo y terminó como broma de mal gusto. Muchos decían que estaba muerto, otros que nunca había ganado nada importante o que no era tan bueno, y en una revista Gente leí que se trataba de un androide que se había sublevado. Yo nunca quise hacerme la película: una vez, un director técnico dijo que lo del 3 y los rescates fue un chamuyo que tiraron los de la Federación para burlarse de nosotras.

Mientras me secaban el pelo no podía dejar de imaginarme a los ganadores del sorteo, sus esposas dormidas y ellos sentados frente a cafés humeantes en vasos de plástico, en plan de repasar las emociones del partido y con la esperanza de que les tocara alguna de las pibas más jóvenes. Le pedí a un eunuco que antes del servicio me acompañase a mi habitación: me había olvidado el perfume, y el frasquito nuevo era muy complicado para aplicármelo sola. A la vuelta me dejó en el cuarto quince (mi número de mini short desde hace cuatro años) y me senté en la cama a esperar por el fanático favorecido en el sorteo.
Como no llegaba pedí que bajaran las luces y me recosté a tararear un tema que el otro día una de las chicas puso en la radio de la concentración. Cuando el tipo abrió la puerta ya me estaba quedando dormida. Lo miré por el espejo y no me pareció nada especial: petiso, de rulos, en la oreja un aro de brillantes, vestido con ropa deportiva que le quedaba enorme. Recién cuando subieron un poco la iluminación me di cuenta de que era él, su sonrisa en publicidades de desodorante y en los afiches del plan nacional a favor del consumo: el 3 había venido a buscarme.

Mi primer impulso fue quitarle la ropa con los dientes (ese jogging sudado y las zapatillas de entrenamiento eran reliquias que cualquiera de las chicas hubiera soñado masticar). Así descubrí lo que tiene el 3: dos implantes hermosos, casi artesanales, pezones como rodajas de morcilla y unas piernas musculosas de adolescente recién depilado. Yo nunca había estado con alguien así, y confieso que nunca la había pasado como esa noche. Casi al amanecer fumamos cigarrillos negros (el 3 me convidaba) y me juré que nunca, nunca iba a preguntarle nada sobre el tema que le molesta. Me mostró fotos de sus hijas, y le dije que las dos tenían pasta de estrellas de televisión. Antes de cambiarnos no pude más y le dije: ¿no te jode que yo no tenga brazos? Nada que ver, me contestó, eso te hace más hermosa.

Salir del estadio fue lo mejor de todo: me llevaba tomada de la espalda y, pese a que en el fondo ni a los de la comisión ni a los de la tele debía gustarles ni un poco que el 3 viniera y se llevase jugadoras, nadie se animaba a enfrentarlo. Un gendarme le sostuvo la mirada y él lo hizo arrodillarse y chupar las escaleras (siempre meadas) que llevan a la tercer bandeja. Pedimos mi legajo, el 3 lo guardó en su mochila y, una vez en la calle, después de perder de vista la mole de cemento cubierta de pedacitos de espejo que era el estadio, festejamos con uno de los besos más lindos que me habían dado nunca.