martes

The filth and the fury


A los trece años fui a un campamento que se hacía en el jardín de atrás de mi colegio de monjas. Hicimos un fogón y entre las llamas se veía el techo rojo del 84 que pasaba por la calle Neuquén. Después me emborraché con una petaca de licor Mariposa. Y borracho, con un amigo, pinté la A de anarquía en el paredón. Con aerosol rojo. Era una A chiquita, casi en el zócalo. Parecía cualquier otra cosa.

Tamarisco Figuretti En Yile Press

Por MACARENA GARCÍA G. En el diario El Mercurio

"Pero lo que sí celebran todos es la proliferación de pequeñas editoriales en tiempos de economías precarias. En ellas ha estado el aguante y empuje de este movimiento. "Como las grandes apuestan siempre por un grupo reducido de autores -o bien porque éstos tienen detrás una obra que lo justifique, o bien por razones de marketing-, surgieron sellos autogestionados como Entropía, Tamarisco, Mansalva", explica Oliverio Coelho, que acaba de publicar en Norma, después de editar sus primeras novelas con una de las independientes.

Las editoriales pequeñas -una veintena, la mayoría de poca visibilidad- no tienen stands en la Feria del Libro; algunas colocan sus libros en los de librerías, otras comparten y unas cuántas pasan del evento: prefieren vender por internet o apostar por encuentros más pequeños."

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martes

epa!

la milagrosa marca del milagro obtiene una bella lectura nueva acá:
http://www.no-retornable.com.ar/resenias/026.html

y la maravilla juan diego celina abre los ojos acá:
http://www.no-retornable.com.ar/resenias/025.html

lunes

el Grunge de Jaramillo

Ya está a la venta Grunge, de Alfredo Jaramillo. Otro golazo de la funesiana. No sé si esto le va a gustar al autor, pero para mí el libro es una reserva de humus generacional. Salvaje y desesperado: con otros muertos. Mi calvario teenager fue bastante similar. En otro paisaje. Una Miami bajo cero, se me ocurre. Fuera de foco. Como Seattle.



Seattle


Vas caminando por la calle y se te mojan los zapatos. Mirás hacia arriba y hay edificios levantándose, pero ninguno se parece a la Space Needle. No importa. No dejes que te desanimen. Seguí tres cuadras más, justo cuando se abra la plaza. Parate ahí y mirá el horizonte. Del otro lado del río: la última barda. Recordá esa canción, esa canción, y ahora levantá tu cara al cielo y dejá que las gotas caigan dentro de tu boca. Volvé a tu casa. Sacá del cajón esa vieja camisa leñadora que nunca te volviste a poner. Escribí una canción triste que hable de vos. Y escribile otra a una mujer que perdiste. Acurrucate en la cama. Llegaste a Seattle.