domingo

Lo que quedó afuera

Este epílogo quedó afuera de un cuento que escribí que se llama "Ellas" y que saldrá publicado más adelante en una antología:


Atado al respaldo de la cama del hotel Sidney, Roberto pide más. "Más fuerte, dale, más", le dice a su amante y cierra los ojos cuando ella, montada sobre él, le da cachetazos que lo estremecen. Después la mujer se acomoda y empieza a moverse despacio mientras pregunta "qué más querés". Roberto dice "lo de siempre" y entonces ella lo insulta, primero en voz baja, y luego subiendo el tono hasta casi gritar. "Puto de mierda, sorete, maricón", dice entre escupidas y gemidos de placer. Roberto suspira y mueve apenas los labios: "decime conchita". Pero la mujer no puede escucharlo porque ahora se mueve más rápido, se toca las tetas, sube y baja sobre él. "Decime conchita, por favor" grita entonces Roberto con un temblor en el cuerpo y ella, con voz entrecortada, dice lo que él quiere escuchar justo antes de llegar al orgasmo.
Al fin Roberto pide ser desatado. "¿Trajiste el consolador?", pregunta mientras se frota las muñecas lastimadas. La amante asiente y él se pone boca abajo. Con los ojos cerrados, se deja penetrar y piensa en lo que encontrará al llegar a su casa: los cuatro cuerpos tirados, la sangre seca manchando el suelo, la escalera. Siente los dedos de su amante acompañando el consolador, el plástico siliconado contra su piel. Piensa en los cajones abiertos y en la ropa desparramada como si alguien hubiera entrado a robar. La coartada perfecta. "¿Te gusta, conchita de mierda? ¿Te gusta así?", pregunta entre susurros la mujer. Roberto siente ahora el desgarro, la presión. "Sí", dice. "Me encanta, no parés", dice, y caen por sus mejillas lágrimas tibias de felicidad.

sábado

La viuda del ciclista

Letras en documenta escénicas
Librería del ciclista
Convocatoria abierta dirigida a las editoriales y productores de
libros de córdoba y buenos aires: poesía, narrativa, objetos,
revista, artes escénicas, etc.
A participar de la próxima librería de ediciones independientes.
Inauguramos en septiembre.
Llamanos o escribinos y la bicicleta pasa a buscar tus libros.
Lima 364 - Córdoba Capital - Te: 054 -0351 153325821
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viernes

Endogamia y Gerontofobia

Algo así, como esto que dice Linne pero con otras palabras (obvio) había dicho Funes hace ¿un año? ¿un año y medio?, y algo así contestaba Burzi (editor de Los asesinos tímidos, gestor del GrupoAlejandría) en un coment o en un mail o en el post del mismo Funes. No lo recuerdo con exactitud.

Después de eso -o en simultáneo, corrijanme si me falla la memoria- Funes empezó con su multiple gestión: Los Mudos, el Quinteto, los tours de lectura, Editorial Funesiana, la edición de su libro de cuentos Papel parte uno, parte dos, y etc, etc, etc.

¿Un año? ¿Un año y medio? más tarde Linne retoma la cuestión.

¿Hay algo que aprender de todo esto?

¿O Linne estará realmente tramando algo?

Punk blog


Tiráte un título, Terranova





jueves

Me das miedo, Lucía

Era un día de semana, de noche. En mi casa, algunos amigos de la facultad tomaban vino mientras hablaban pestes de la academia norteamericana. Uno contó la anécdota de un profesor que se había ido a Stony Brook y los fines de semana, como no había nada que hacer, el plan era ir con la esposa a pasear por el Wall Mart. Después se divorciaron y él se mudó a vivir con dos mexicanos a la zona de latinos de New Jersey.
Entonces se me ocurrió leerles El Ignorante, de Terranova. Había poca luz y recité sin pausa, de manera bastante digna porque ya estaba al borde de la ebriedad.
Fue bastante fuerte. A partir de ahí muchos se lo bajaron, y alguno dijo que había que reescribirlo para Sociales.
Pero nadie se animó.

Acá va una parte de su último gran cuento en la antología de Mondadori:


"Buscamos un lugar alejado de la puerta. Era una terraza típica de edificio. Sucia, amplia, con sogas para tender la ropa y baldosas de color ladrillo. Ella me pidió que me subiera a una pared. Del otro lado no había nada y estábamos a cinco pisos de la calle. Las esposas hicieron un ruido seco cuando las cerró. Nos besamos y jugamos a desnudarnos. De repente, se escuchó un trueno. Vi nubes negras en el horizonte. Los rayos empezaron a caer primero lejos, después más cerca. Caían los rayos y después se oían los truenos y todo retumbaba. Empezó a llover. Primero unas gotas, pero enseguida ví como se formaba un charco inmenso alrededor de mi remera negra con el logo de Harley Davidson que había quedado tirada en el piso. En agua me empezó a correr por la cara.
Le pedí a Lucía que me soltara y sonrió.
- Te voy a dejar toda la noche acá -me dijo."


miércoles

Camino a la imprenta. 02


¡DESCARTADA!

Una vez más, el Sr. Ravonne dijo NO al presente diseño, porque no se veía lo suficiente la que Él supone "gran infraestructura" de su rotisería.


Editores del mundo, recomendamos: absténgase de tratar con personajes estelares venidos a menos, mucho más si son rotiseros. Y no nos vengan con que Gloria Estefan tiene su propio restauran.




lunes

Nieve

: parte blanda del frio.

miércoles

Grillo, la sociología, los prólogos

I.
Antes de que empiecen a circular lecturas, críticas, reseñas y comentarios anónimos (que a pesar de la mala leche siempre terminan siendo los mejores), quiero celebrar algunas cosas del prólogo de En Celo, la nueva compilación de cuentos sobre sexo a cargo de Diego Grillo Trubba para Mondadori. Pero antes, y por más que mi interés en este post no es asumir el papel entre odioso y patético de los escritores que defienden a sus compiladores/editores, tendría que aclarar que a Grillo lo conozco y de hecho me convocó para su próxima antología sobre casos policiales.


II.
Aprovecho para comentar un prólogo porque me interesa más que hacer balances sobre ficciones. Es que como lector tengo un criterio entre chirlo y gomoso, traicionero. Me gustan algunos best-sellers y a veces me gusta la world fiction, se llame Andahazi, Palahniuk (mejor) o Murakami, siempre y cuando no sean lo único. No me gusta lo pretencioso, el sentido común ni los escritores con demasiada autoconciencia de artistas, lo que de por sí los hace mediocres. Tampoco me importa mucho el canon, y mi lectura depende de qué otras cosas esté leyendo o escribiendo al mismo tiempo (la idea de vanguardia me parece pueril). A veces hablo mal de un libro, y el fin de semana siguiente se lo recomiendo a mi novia porque va a transformarle la relación con algo.

Y también me gustan los prólogos, de cualquier cosa. Pero el prólogo de Grillo me gustó más que casi todos.

III.
La operación es clara: Grillo no presenta un libro, presenta una colección. La colección tiene un antecedente directo, que es La Joven Guardia. Pero, como diría Levín, acá hay una trampa, la primera. Porque si bien LJG habilita el surgimiento de esta colección, Grillo se anima con algunos escritores inéditos o casi inéditos. Escritores que, abiertamente, subordinan su producción a un encargo temático hecho por el editor/compilador, y lo toman como un ejercicio lúdico que a su vez incluye al lector. Algo inexistente en LJG, una muy buena idea que como resultado produjo un buen libro que fue un éxito en ventas pese a varios cuentos olvidables. La segunda trampa tiene que ver con el sistema de referencias que Grillo utiliza: habla de Borges y de Cortázar como influencias narrativas, y de Freud, Henry Miller, Anais Nin y Bukowski como máquinas narrativas entreveradas con la sexualidad en tanto interrogación y punto de cruce entre lo público y lo privado. De esta manera, Grillo omite las dos principales referencias que en realidad cruzan al libro, y por qué no, a la colección: Manuel Puig como el fantasma – tótem de la nueva generación de escritores y la pornografía como modalidad enunciativa propia del susurro televisivo reconvertido en internet.

IV.
La tercer trampa tiene que ver con las dos primeras y, en cierta medida, las engloba. Se relaciona con eso de lo que habla Grillo cuando habla de literatura argentina en un sentido sociológico, plebeyo. La literatura no como una experiencia de encuentro con un sistema de textos leídos desde otro sistema de textos autorizados por una red de instituciones que detentan el monopolio legítimo de las interpretaciones, sino como una yuxtaposición de prácticas vitales, de sociabilidad y reordenamiento de los cuerpos que se actualizan cotidianamente produciendo formas de vida y de lenguaje más o menos mediadas por las diferentes superficies en las que se despliegan los textos siempre reconvertidos en objetos culturales. Creo que el libro se inscribe en esa tradición, lo que hace que la pregunta sobre si se trata de literatura para el mercado resulte idiota. Una tradición que se está inventando, y que ojalá logre que cada vez más gente lea, escriba, publique, discuta y se enamore de los libros.

Ahora, a leer los cuentos de la generación post (autónoma). Que prometen ser frescos, eróticos, perturbadores.

martes

El Diccionario sigue (a pedido)

La posta-posta, y la legal-deportiva, es pescar la trucha con mosca. Los que hacen trampa usan otras cosas. Mariano, hormiga negra. Lucas, ciempies y pasta frola. Diego, grillo y trufa.

-Y ese tal Terrasa tiene terrasa?
-Y... creo que si. En Madrid.
-Vive en Madrid?
-Asi dicen.
-Y publica su novela aca?
-Si, hay que aprovechar porque esta de visita en Buenos Aires, viste?
-Y como se llama esa novela?
-"La marca del milagro". Y va a venir de regalo un video con la final Instituto-Nueva Chicago, por el ascenso. Un partidazo, definicion por penales y todo.
-Esa es la que era de travestis, no?
-Dicen eso. Amor, futbol, travestis, mafias, algo de locos.
-Que, tambien es de locura?
-Y... si, de locura tambien.

domingo

Menú literario del Salvaje Cocinero

"Teniendo perfectamente claro que esta generación todavía tiene todo por escribir, acá tiro unas puntas desordenadas y ligadas exclusivamente a mis preferencias personales. (Si no les gusta la palabra “generación” en la frase anterior lean en su lugar la palabra “cebolla” o “repollo”. Para mí es igual.)"...

un tamarisco fuera de su habitat. sabados olvidables -01

Hombres de fluorescentes trajes naranja, tristes playmóviles temáticos con frío, se ofrecen a cuidar autos que nosotras no tenemos, un dorado gnomo gigante nos recibe en la esquina
(todo indica Palermo), la palabra clave como la fórmula de un hechizo y al fin estamos en la fiesta. Seguimos "retro", estamos "disco", “¿quién es el DJ?”, demasiado calor, demasiada gente, saludar a los conocidos se reduce a una sonrisa o a un gesto o a un grotesco intermedio (y está bien, quizá los conocidos merezcan sólo eso), tan difícil moverse y la barra tan lejos, me chocan, un asco ese trago sobre mi ropa (disculpas no), a Ana le dicen que se parece a no sé qué actriz fea, insultos al glamoroso andrógino estilo Miranda (más feo será él; y ¿yo tan hermosa?); terreno fácil de identificar: pantallas con animaciones, hombres atléticos pelo con gel, pantalones anchos azul oscuro, musculosa o camisitas adheridas al cuerpo, originales dibujos diseño exclusivo. Mis chicos estéticos pura pose de Palermo aunque algunos, incluso, saben hablar. Fértil campo de botellas de agua mineral fortificadas con hierro, los paisajes no emergen como en la publicidad. Y siempre habrá un cuarentón pelado aburrida expresión de borracho: insiste en invitarnos un trago; el “no gracias” no funciona, me salva este rubio que dice conocerme de algún lado que no puede recordar (desconcertar al enemigo: un camuflaje distinto cada vez. No soy un estereotipo, soy todos los estereotipos del mundo en una misma persona; tengo, como las buenas prostitutas, como las barbies, millones de variantes, soy todas las fantasías urbanas, una por vez; desde luego esto también incluye vestuario brillante, ropa exótica y pelucas de colores, pelo lacio o con rulos y tinturas que se decoloran al segundo lavado).

Al rato Ana tomó casi todo el trago (gratis en serio) del Pelado.
Pequeñas (pequeñísimas) victorias


(nadie cree, en el fondo, que en estas noches pueda pasar algo en verdad importante).

(...)